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La pregunta sobre cómo puede alguien llegar a suprimirse es de siempre y de todas las culturas, es una interrogación que jamás dejará a nadie indiferente. Una mirada.

Por: Orlando Solano Bárcenas

Publicado originalmente en https://www.las2orillas.co/

Los casos de suicidas del o con poder se podría decir que son casi universales, basta mirar un poco la historia de diferentes países para comprobar este aserto. En esta vía pasaremos ahora a estudiar un suicida del poder del Cono Sur, de Uruguay, por tener un significado profundo para entender que el suicidio puede tener causas y propósitos nobles o altruistas al adoptar el matiz de “oblativo”. Se trata del suicidio de Baltasar Brum.

Antes de entrar en esta materia es necesario hacer un breve análisis sobre el fenómeno del suicidio en Uruguay.

El suicidio en Uruguay

Junto a Cuba y Guyana Uruguay es uno de los países con más altas tasas de suicidio de América Latina. Tal vez son las más altas de Sudamérica. Tendencia que aumentó dramáticamente con la crisis económica de 2002, cuando duplicó el promedio mundial fijado por la Organización Mundial de la Salud para 2020, en 10 casos por cada 100.000 habitantes. La crisis del 2002 dejó cifras devastadoras para el país. Tal es el caso de la tasa de suicidios que aumentó en un 12,6%, es decir, que dos uruguayos se suicidaban por día y se registraban muchos casos de intentos fallidos. Como consecuencia económica directa de esta crisis, el salario real tuvo una fuerte caída, llegando a su piso entre los años 2003 y 2004 con una pérdida del 22% respecto al año 2000. Por su parte, la tasa de desempleo trepó a un máximo en el año 2002 del 17% subiendo 3 y medio puntos porcentuales respecto al momento de asumir el mandato. Hacia el final del gobierno los índices de desempleo revirtieron su tendencia ubicándose en cifras inferiores a las del momento de su asunción. Por el contrario, la caída sufrida por el salario real no pudo ser revertida, ubicándose en el año 2005, 18,6 puntos porcentuales por debajo de las cifras del año 2000.

Profundizando un poco en la crisis económica, política y social del año 2002 vemos que esta tuvo manifestaciones muy adversas para la banca uruguaya. En julio de 2002, en uno de los momentos más candentes de la crisis bancaria, todos los miembros del Frente Amplio y algunos pocos del Partido Nacional criticaron al gobierno fuertemente y se removió a Rodríguez Batlle. El Partido Nacional, aliado con el Frente Amplio, le retiró su apoyo al gobierno de Batlle por la política económica que se estaba llevando. Se decretó el feriado bancario (el triste “corralito”) el  30 de julio para detener la fuga de depósitos y el retiro de dineros de los ahorradores argentinos, bloqueados por su propio feriado bancario. Los cajeros automáticos se quedaron sin dinero, las casas de cambio vendían el dólar a 38 pesos y lo compraban a 24. Se desataron unos 30 saqueos a los supermercados. Montevideo temblaba en el casco urbano y en las afueras. Los comerciantes no abrieron sus almacenes, los rumores de vandalismo les tenían aterrorizados. La ciudadanía se resguardó dentro de sus casas. El gobierno de Estados Unidos y el FMI le hicieron préstamos al país. La crisis se calmó. El Partido Nacional retiró sus ministros del gobierno de Batlle.

El país registra una tasa de suicidio de 20,25 muertes por autoeliminación cada 100.000 habitantes. Desde el año 2000 la tasa de suicidios jamás estuvo por debajo de 15 cada 100.000. Los mayores casos de suicidio se dan entre las persona de mediana edad y aumenta entre los adultos mayores (entre setenta y ochenta años), lo que lo diferencia de otros países donde se da el aumento del suicidio en adolescentes. El país, se afirma, es el segundo más envejecido de América Latina después de Cuba.

No deja de llamar la atención que esto suceda en un país con mejores índices de desarrollo socioeconómico que sus países vecinos.  La soledad y otros factores parecen llevar a la autoeliminación a las personas ancianas y mucho más entre los jubilados. Por sexos la relación es de siete hombres por cada tres mujeres. Pese a lo frecuente del fenómeno (más numeroso que las muertes por accidentes de tránsito) se tiende a no hablar de él por ser percibido como tabú hasta por los profesionales de la salud, sector más “suicidógeno” entre las profesiones (supera a los suicidios de policías y militares a los que duplica); causas más frecuentes en el sector salud son: los trastornos psicológicos, el estrés, la presión, casos de denuncias por parte de pacientes, el fácil acceso a medicamentos, son tan solo algunos de los aspectos que fueron mencionados como posibles disparadores. O son, al menos, la explicación a que en este sector se duplique la tasa de suicidios. Como en muchos países, los suicidios se disparan en Uruguay durante las fiestas de diciembre. En 2015 el promedio de suicidios fue de 18,55 por cada 100.000 habitantes (cifras nacionales) de 17 por cada 100.000 (cifras OMS) expresados en 643 muertes, o sea, 1,76 suicidios diarios para una población de 3,3 millones de habitantes (ver).

El suicidio de Baltasar Brum no toma sentido si no se le sitúa en el tiempo, doctrina e ideario de la prestigiosa familia Batlle en todas sus ramas y matices. Empecemos por la raíz.

Lorenzo Cristóbal Manuel Batlle y Grau

Nació en Montevideo, 10 de agosto de 1810 y murió en Montevideo el 8 de mayo de 1887. Fue un militar y político uruguayo que llegó a ser Presidente de la República entre los años 1868 y 1872. Participó en la Guerra Grande como militar.

En 1845 estuvo bajo el mando de Giuseppe Garibaldi. Participó en el derrocamiento del  gobierno de Juan Francisco Giró. Por las ideas del Partido Colorado, se opuso al caudillismo. Fue nuevamente ministro del gobierno de facto de Venancio Flores. Fue elegido Presidente de la República el 1 de marzo de 1868 para el período 1868-1872, tras los confusos y sangrientos acontecimientos que culminaron en los asesinatos de Venancio Flores y Bernardo Prudencio Berro, los dos expresidentes. Su administración fue decididamente un gobierno del Partido Colorado con exclusión total de todo cargo político de elementos de la oposición del Partido Blanco lo que trajo  un serio movimiento insurreccional en su contra llamado la «Revolución de las lanzas», que se desencadenó en 1870  que por poco lo derrota y expulsa del poder. Se vino encima la más larga y sangrienta de las guerras civiles del siglo XIX uruguayo. El 1 de marzo de 1872, entregó el poder al Presidente del Senado, Tomás Gomensoro. Se firmó el pacto conocido como Paz de Abril (6 de abril de 1872). Su gobierno tuvo una crisis financiera ligada a la Guerra del Paraguay o de la  Triple Alianza. Lorenzo Batlle fue el primero de cuatro presidentes uruguayos vinculados a la familia más prestante  del Partido Colorado. Su hijo José Batlle y Ordóñez, destacado periodista y político, sería presidente en dos ocasiones en el siglo XX: 1903-1907 y 1911-1915. El sobrino del anterior, Luis Batlle Berres, ocuparía la presidencia en 1947. El hijo de este último, Jorge Batlle Ibáñez, lo haría al terminar el siglo, en el año 2000.

José Pablo Torcuato Batlle y Ordóñez

Nació en Montevideo el 21 de mayo de 1856 y murió el 20 de octubre de 1929. Fue un político y periodista de Uruguay y Presidente de la República por dos períodos: 1903-1907 y 1911-1915. Hijo del presidente Lorenzo Batlle. En 1871 comienza su carrera periodística, atacando a los gobiernos dictatoriales de Latorre primero, y de Santos después. Fue detenido y encarcelado en varias ocasiones. Pertenecía a un sector minoritario del Partido Colorado, y fue propuesto como una figura de mediación a la presidencia, la cual asumió en 1903. Llevó a cabo reformas económicas y sociales que permitieron a Uruguay transformarse en uno de los países más estables política y económicamente de América latina. Impulsó la constitución de 1917, cuya principal característica era la de establecer un ejecutivo colegiado. Debido a la derrota electoral de 1916 y luego de negociaciones con sus oponentes políticos, el proyecto original derivó en un Poder Ejecutivo bicéfalo, formado por la Presidencia de la República y el Consejo Nacional de Administración. Su influencia política se prolongó más de 25 años. Es la Era Batllista, que se prolonga en el afecto o en la ideología de sectores del Partido Colorado e incluso dentro del Frente Amplio. En 1920, a los 63 años de edad y como el cubano Eduardo Chibás,  se bate en duelo con Washington Beltrán Barbat, a quien hirió de muerte. Murió en 1929 de muerte natural a la edad de 73 años, en su ciudad natal Montevideo.

Se inició en el periodismo en 1879 criticando el gobierno militarista de Lorenzo Latorre.  Desde 1880 estudió en España y Francia. Fue fundador del diario El Día, desde donde criticaba los gobiernos despóticos en especial el del general Máximo Santos, esto le valió detenciones en la cárcel. Participó en la Revolución del Quebracho en contra de este presidente, y fue hecho prisionero en 1886. En su primera presidencia, iniciada en el año 1903, afrontó el alzamiento armado protagonizado por el caudillo blanco Aparicio Saravia. Se terminó con un transitorio y frágil acuerdo de paz que llevó a la revolución de 1904. Sin embargo, pudo realizar varias obras industriales y de infraestructura y en el plano educativo y laboral. Con la asunción de Claudio Williman se continuó con un gobierno batllista.

Propició el “Pacto de la Cruz” entre colorados y parte de los blancos del 18 de septiembre de 1897, donde se acordó la coparticipación de los dos partidos en el gobierno central y los gobiernos regionales. Luego hubo desavenencias con Saravia quien convocó nuevamente a la revolución de los blancos. La guerra civil fue evitada el 22 de marzo de 1903 al firmarse el «Pacto de Nico Pérez» mediante el cual se establecía un gobierno mixto. Era una simple tregua. Batlle armó mejor el Ejército. Pronto estalló la Revolución del 1º de enero de 1904, declarada por los blancos de Saravia; los dos partidos se hacían irreconciliables, existían dos países y dos gobiernos: el central(Montevideo) de los colorados que reclamaba tener autoridad sobre todo el territorio nacional y el periférico (Cerro Largo) de los blancos que decía ser víctima de sistemáticos fraudes electorales en las elecciones nacionales, por lo que reclamaban la depuración de los registros civiles, mayores garantías para el voto y representación proporcional, entre otras reivindicaciones de carácter político. Las fuerzas eran desiguales y batallaron cruentamente nueve meses siendo Aparicio Saravia herido de muerte, falleciendo 9 días más tarde. Se firmó la «Paz de Aceguá» el 24 de septiembre de ese año. El país quedó destrozado en lo económico, sobre todo en el campo. La dualidad de poder entre Montevideo y la Estancia del Cordobés provincial terminó, consolidándose la unidad y el poder de mando del Estado; también terminó la coparticipación política de los dos partidos, inaugurándose un período de exclusividad en el ejercicio del poder del partido vencedor en las elecciones. ​ Las ideas de Batlle y Ordóñez se impusieron, hubo gobierno de partido.

Durante la segunda presidencia de José Batlle y Ordóñez hubo importantes aportes a los derechos laborales de los trabajadores: prohibición del trabajo de menores de 13 años, jornada de los menores de 19, 40 días de descanso para la mujer en el período de embarazo, descanso obligatorio de un día cada siete, un máximo de 48 horas semanales de trabajo, jornada de trabajo de 8 horas, pago de indemnizaciones por accidentes de trabajo, indemnización por despido que dependiera de la cantidad de años trabajados, pensión de vejez para todas  las personas mayores de 65 años y de cualquier edad en caso de invalidez absoluta, que se encontrara en la indigencia. La actividad económica del Estado (estatización y nacionalización) se rigió por el principio  del servicio público esencial en manos del Estado, por ser este el organismo representativo de la sociedad, es decir, de todas las clases sociales, y estar por encima de sus disputas. El Estado intervencionista quedó fortalecido allí donde el capital privado fuera indeciso o temiera perder dinero, porque no estaba guiado por el afán de lucro sino de servicio público; el Estado debía sustituir a las empresas extranjeras que se llevaban la ganancia fuera de las fronteras debilitando así el país. Se produjo la estatización del Banco de la República Oriental del Uruguay en 1911 y  1913, la del Banco Hipotecario del Uruguay en 1912,  la de los seguros que pasaron de manos privadas a manos estatales con la creación en 1911 del Banco de Seguros del Estado. Se creó en 1915 la Administración de Ferrocarriles del Estado. Se promulgó la ley de divorcio donde se incluía la disolución del matrimonio por la sola voluntad de la mujer. Se produjo la secularización de actos públicos, y la consecuente división entre Iglesia y Estado. Batlle y Ordóñez impregnó al Partido Colorado de una impronta socialdemócrata, y la sociedad uruguaya pasó a caracterizarse por ser muy integradora y a situarse en una especie de “centro” político, a lo largo del siglo XX.

Baltasar Brum fue ministro de Hacienda de José Batlle y Ordóñez entre 1913-1915, con cuyo pensamiento se identificó grandemente.

El legado del Batllismo

Esta doctrina afianzó la democracia en Uruguay e hizo del país la famosa “Suiza de América” al elevar los niveles de bienestar social y económico puesto que mejoró los caminos rurales, inició el surgimiento de la industria nacional, redujo la dependencia externa, aumentó la electrificación del país, procuró aumentar la no dependencia del capital inglés, creó en 1903 la Facultad de Comercio (futura de la de Ciencias Económicas) y en marzo de 1907 la Facultad de Veterinaria y Agronomía para afincar a los jóvenes en el campo y superar la medicina y el derecho como carreras únicas, sentó las bases para la instalación de diez liceos departamentales para superar la sola enseñanza primaria. procurando otorgar en el interior de la República elementos de cultura superior a la de la enseñanza primaria. La obra en pro de la educación pública de Batlle, personalmente me recuerda la del general Francisco de Paula Santander en la Nueva Granada. En 1909 se produjo la inauguración del puerto de Montevideo que estaría destinado al servicio público, reservándose el Estado la administración portuaria para emular con el puerto de Buenos Aires; se iniciaron los procesos de estatización y nacionalización al profundizar y aplicar los principios del servicio público esencial; se pidió invertir en el país las ganancias del capital extranjero; en 1915 se creó la Administración de Ferrocarriles del Estado y se produjo la secularización de actos públicos, hizo promulgar la primera ley del divorcio en Latinoamérica, que reconocía los derechos de las mujeres; durante el batllismo se crearon empresas públicas que competían con las privadas, proporcionando servicios más baratos. En la segunda presidencia bajo el batllismo se sentó las bases para la futura reforma constitucional. Mucho de esta doctrina ha pasado a ser parte de los idearios de otros partidos. Fue por la defensa de este ideario y doctrina tan avanzada para inicios del siglo XX, que Baltasar Brum ofrendó su vida en sacrificio suicida.

Baltasar Brum Rodríguez un republicano integral, heredero del Batllismo

Nació el 18 de junio de 1883 en Costas del Arroyo Catalán, en ese entonces Salto, hoy Artigas, Uruguay. Se suicidó el 31 de marzo de 1933 en Montevideo. Fue dirigente estudiantil, abogado, docente, periodista, diplomático y político, presidente de Uruguay entre 1919 y 1923.​ Fiel seguidor de José Batlle y Ordóñez en defensa de cuya doctrina murió. Miembro destacado del Partido Colorado. Ministro de Instrucción Pública en 1913. Ministro del Interior en 1915. Ministro de Relaciones Exteriores en 1916, con gran notoriedad al haber roto la neutralidad de su país durante la Primera Guerra Mundial para apoyar a las Fuerzas Aliadas a petición de las colectividades francesa, inglesa e italiana. En octubre de 1917 entregó a los Aliados ocho barcos alemanes cargados de nitrato para explosivos, hecho que trajo la ruptura de relaciones diplomáticas con Alemania. El batllismo siempre adoptó una gran aproximación hacia los Estados Unidos, nación joven, opuesta a los despotismos de las naciones viejas como Alemania y Uruguay debería ser también una joven nación. En 1918 fue invitado por la secretaría de estado de ese país.Un detalle de la vida de Brum que recuerda al duelista casi profesional cubano, Eduardo Chibás Ribas, ocurrió en 1924, cuando el Presidente Serrato y su ministro de Guerra y Marina, coronel Riverós, promueven un proyecto de ley tendiente a oficializar el servicio militar obligatorio. Las durísimas críticas de Baltasar Brum hacia el coronel Riverós hacen que este último lo rete a duelo. El lance a pistola tuvo lugar el 26 de enero de1924. A la voz de¡fuego!, Brum permanece inmóvil, apuntando al piso, mientras que Riverós levanta el arma y dispara hacia el cielo.

En calidad de miembro de la Comisión de los Ocho, encargada de redactar en 1917 el texto final de la Constitución de 1918 —texto de difíciles compromisos teóricos y doctrinarios—, junto a cuatro miembros del Partido Nacional, Baltasar Brum fue un verdadero adalid del pensamiento republicano. Tanto que el 1º de marzo de 1919 fue elegido presidente de la República, bajo un texto que no consagraba, como así lo quiso, un poder ejecutivo colegiado único y no uno que coexistiese con la presidencia de la República. Tenía 35 años, siendo el segundo presidente más joven en la historia de Uruguay y el segundo presidente batllista. Asumió en, como docente integral, el paraninfo de la muy republicana Universidad de la República, faro de luz y ciencia a la altura de la UNAM y la UBA. La juventud de Brum llenó de esperanzas a un país urgido de las reformas sociales que impulsaba José Batlle y Ordóñez. Su presidencia se desarrolló en medio de estabilidad política y económica notables al acercarse el batllismo y el Partido Nacional; sin embargo, el Partido Colorado mantuvo disensiones internas. Uno de sus tres ministros del Interior, fue Gabriel Terra. Ya como expresidente, hizo parte del Consejo Nacional de Administración.

La Constitución de 1918 se hizo en nombre de la “República” y no del “Estado” Oriental del Uruguay, cambio no sin importancia porque el concepto de “Estado” tal vez remitía a ideas más propias de regímenes muy dados a la concentración del poder. Había establecido un sistema de gobierno con algo del sistema bicéfalo o “Directorial” suizo, con una Presidencia poco fortalecida (de cuatro años) y un Gobierno (Consejo Nacional de Administración colegiado de nueve miembros de seis años renovados por tercios cada dos años, con presidencia rotativa con cabida para el partido de la minoría y control de los ministros) encargado de toda la administración económica y productiva bajo su responsabilidad. Senadores de seis años renovados por tercios. Diputados por tres años, al igual que los gobiernos locales. En total ocho elecciones cada doce años, número acorde con el sistema electoral uruguayo, que siempre ha sido de una gran complejidad y originalidad. Fue una Constitución laica y descentralizadora por consagrar la elección popular local.

Leiv motiv de la Carta de 1918 era el deseo de debilitar el Ejecutivo para “despersonalizar” el poder y evitar su concentración en el tradicional y desastroso “caudillismo” latinoamericano y luego tercermundista. También para fomentar una ciudadanía activa por la participación, bajo la idea de que entre más elecciones más control ciudadano y más deliberación ciudadana. Republicanismo puro y radical. De corte Troisieme République francesa, casi de Front Populaire. La Marsellesa fue el himno del partido Colorado batllista hasta 1920. Era en defensa de este texto, que Víctor Hugo no habría vacilado en calificar de —a la par de la Constitución colombiana de Rionegro—, de Constitución “para ángeles” por lo que Brum ofreció su vida en oblación sobre el altar de la República. Contra este texto, “incómodo” para sus apetitos de poder dictatorial, fue por lo que Gabriel Terra se insurgió en calidad afrentosa de golpista. Veamos ahora cómo Gabriel Terra se pasó —sin sonrojarse—, del pensamiento democrático al pensamiento dictatorial a fin de poder entender mejor el acto de suicidio de Baltasar Brum.

Los gobiernos autoritarios de Gabriel Terra

Terra fue presidente desde el 1 de marzo de 1931, oponiéndose desde un principio a la Constitución de 1917. Luego instauraría la primera dictadura uruguaya del siglo XX.  El día 31 de marzo de 1933, con apoyo de la Policía, dirigida por su cuñado, Alfredo Baldomir y el sector mayoritario del Partido Nacional, dirigido por Luis Alberto de Herrera, dio un golpe de estado, conocido como Dictadura de Terra, por el que se disolvió el Parlamento y se censuró la prensa. El Ejército, por su parte, no intervino en la ejecución del golpe, manteniendo su «neutralidad», a pesar de que acató las órdenes del presidente Terra. Instauró un gobierno de carácter conservador, autoritario y antiliberal al que se opusieron el batllismo, nacionalistas independientes (sector del Partido Nacional), socialistas y comunistas. En 1934 fue elegido presidente nuevamente, desempeñando el mando hasta el 19 de junio de 1938; casi inmediatamente hizo aprobar una nueva Constitución. Durante su mandato se desarrolló una política industrializadora de sustitución de importaciones, se realizaron obras públicas de importancia en materia de energía eléctrica (1937), rompió relaciones diplomáticas con la Unión Soviética en 1935 y reconoció al gobierno de Francisco Franco en 1936.  Sobrevivió a un atentado contra su vida en junio de 1935 y pudo igualmente sofocar un levantamiento armado contra su gobierno, ocurrido en el mismo año.

El crack mundial de 1929-1930 repercutió en Uruguay bajo la forma de desocupación, caída de las exportaciones y las importaciones, caída de los principios del liberalismo, ascenso del autoritarismo en Europa y acogida en América Latina de la doctrina de la autarquía económica, cierre de fronteras, proteccionismo y agresivo intervencionismo. El golpismo que se estaba desarrollando en todo el mundo llegó a Uruguay bajo la forma de una supuesta respuesta autoritaria a la crisis económica mundial que se venía incubando desde 1925 aproximadamente, así se llegó a la finalización de las épocas del superávit y al cuestionamiento de las doctrinas batllistas de estatización y reformismo social del considerado “socialista liberal” José Batlle y Ordóñez. Las protestas obreras estallaron por el desmonte de este pensamiento progresista y su modelo socializante. También llegó la represión policial. Los empresarios de la época reclaman una reforma constitucional, la detención del estatismo, la disminución del gasto público y una reducción de la burocracia. Desbordado Terra por los problemas sociales y económicos, cae en la tentación totalitaria y el Partido Blanco de Luis Alberto de Herrera le pide una «marcha sobre Montevideo» del más puro corte fascista. Caído en el autoritarismo, reprime y clausura. Herrera presiona al presidente con estas palabras: «El cambio radical se impone; lo haces tú o lo hacemos nosotros». El ala conservadora del Partido Colorado —el riverismo—, apoya el salto a la dictadura. El batllismo y el Nacionalismo Independiente se preparan para ver caer la democracia ejemplar del Uruguay. Terra conmina al Parlamento a dictar medidas represivas de censura previa de prensa, intervención en las cárceles, aseguramiento de la prestación de los servicios públicos, medidas policivas aumentadas. Todo esto en previsión de un acto político a celebrarse el próximo 8 de abril. Terra y sus ministros no esperan respuesta del cuerpo colegiado y se instalan en el Cuartel de Bomberos con grandes medidas de seguridad. El Parlamento le dice “No” y Terra procede a la disolución del Consejo Nacional de Administración (el poder Ejecutivo) y de las Cámaras Legislativas. Legisladores y dirigentes políticos de la oposición son detenidos mientras otros lograban burlar la vigilancia policial dispuesta en sus domicilios para refugiarse en diversas embajadas. Baltasar Brum, no huye pese al ofrecimiento de la Embajada de España de brindarle asilo político. Recuerda la no-huida de Brum la traicionera oferta que le hiciese en la película “Queimada” Marlon Brando al líder negro José Dolores de dejarlo escapar para no tener que ejecutarlo y así instaurar el imperio británico sobre la isla, este le responde altivo, más o menos así: “No señor, valgo más muerto que vivo, porque muerto paso a ser un símbolo de libertad”. Brum no huye y enfrenta a la dictadura, pasando a la gloria de ser un símbolo de libertad (ver: Horacio Machín, El Período Terrista, 2006).

El suicidio-oblación de Baltasar Brum

Brum intentó promover una insurrección militar y popular que evitase el golpe de estado, pero al no poder hacerlo, optó por el camino del suicido. Fue un episodio muy traumático, porque cuando lo fueron a detener, él se opuso y baleó a los policías que lo vinieron a buscar.  Estuvo apostado en la puerta de su casa del centro de Montevideo siete horas acompañado de su hermano y unos pocos partidarios, armado con dos revólveres, e intercambiando disparos con la Policía desde la mañana hasta la tarde, en espera de un levantamiento de la población civil en contra de la dictadura que no se dio por la indiferencia del pueblo, que se limitó a ver el intercambio de disparos. El gobierno, preocupado, gestionó y obtuvo de España que se le diera asilo. Brum, siempre altivo y lleno de pundonor republicano, rechazó el ofrecimiento. Hacia la mitad de la tarde, cruzó solo hacia el medio de la calle y gritó a todo pulmón ¡Viva Batlle¡¡Viva la libertad ¡¡Viva la demo…!”y se disparó al corazón. El siempre resistente Brum pasó a simbolizar la lucha contra la dictadura, el amor a la libertad y el sentido republicano de la existencia.Su cuerpo se fue doblando muy despacio hasta caer finalmente muerto. Tenía 49 años (ver).

Brum, era, como todo batllista, ardiente defensor de la idea y práctica republicanas. Con su suicidio quiso lanzar un baldón al espurio régimen de Terra, régimen negador de la libertad. Las fotos tomadas durante todo el día por el diario El Día, circularon profusamente, nacional e internacionalmente, para poner en evidencia el golpe de estado. El sacrificio de Brum era la salvación de la democracia. Terra al año siguiente, como todo dictador, hizo aprobar “su” Constitución de manera espuria porque obligaba a los partidos a poner debajo de su lista electoral la adhesión a la nueva Constitución (ver: Manuel Flores Silva, especial para La Prensa…)

La prensa no dijo nada. No hubo anuncios fúnebres. Nadie fue al cementerio, ni siquiera el embajador de España. Menos el resto del cuerpo diplomático. Hubo muchas detenciones, unos fueron enviados a la Isla de Flores. Se detuvo a dos futuros presidentes de la República (Tomás Berreta y Lorenzo Batlle Pacheco, quien fue luego desterrado). Se llegó a sesenta detenidos y nueve desterrados. Hubo torturas. Malos tratos. Presiones sobre la prensa, a la que se le cortó el fluido eléctrico. El apoyo político más importante al golpe fue de la mayoría del Partido Nacional. Luis Alberto de Herrera, de extrema derecha, escribió a un copartidario: «¡Qué gran suceso acaban ustedes de presenciar! Es consolador lo que estamos viendo: realizado el ensueño de liberación nacional que ardía en el pecho de los buenos ciudadanos (…) Es el comienzo de un nuevo tiempo. Los primeros pasos no pueden ser más acertados (…) Rodeen al presidente, apóyenlo (…) Lo esencial es poner la patria por encima de los partidos (…) Consumada la crisis, yo no hago falta ahí».

Se adhirieron al golpe el herrerismo, el riverismo, el sosismo, el verismo y tres expresidentes, Claudio Williman, José Serrato y Juan Campisteguy y, difícil de creer, hasta Federico Fleurquín, el candidato del batllismo puro con quien había disputado las elecciones frente a Terra. La masonería, de la cual era jerarca, extrañamente le apoyó. También lo hizo la industria, el campo, la banca, la bolsa y el gobierno inglés (¡!). Para tratar de legitimarse, convocó Terra a una elección de constituyentes. Seguidamente nombró a dedo una Junta de Gobierno de nueve miembros, que luego serían ministros del gabinete. Más tarde nombró a los numerosos integrantes de su Poder Legislativo provisorio al que llamó Asamblea Deliberante y a la cual la oposición puso el mote de Asamblea Delirante. El 25 de junio, tuvo lugar la elección de los constituyentes que se encargarían de redactar la nueva Constitución. Votaron doscientas cincuenta mil personas, es decir, el 58% del electorado. Se abstuvieron los batllistas netos, los nacionalistas independientes y los blancos radicales.  La presidió el anterior presidente de la República, Juan Campisteguy, un colorado no batllista. Llegadas las elecciones de 1934 Terra se aprestó a violar otra vez la Constitución al presentarse, ya que las dos Cartas fundamentales anteriores, prohibían la reelección presidencial. El 9 de abril se plebiscitó la Constitución recién elaborada, nuevamente con la abstención de los tres grupos que habían hecho lo propio en la convocatoria a constituyentes. Votó el 52 % de la ciudadanía (el voto no era obligatorio) y dos meses después Terra asumió su segundo período presidencial.

Las bases de la nueva Carta fueron: el Poder Ejecutivo dejó de ser colegiado, para ser unipersonal; se estableció un parlamento bicameral, la Cámara de Diputados fue reducida a noventa y nueve miembros y la de Senadores a treinta (todos del terrismo y del herrerismo); los gobiernos departamentales, también pasaron a ser unipersonales; se estableció el voto secreto y obligatorio; y se reconocieron los derechos civiles de la mujer (comenzarían a ejercer su derecho a votar en la inmediata elección). Terra quedaba con poderes ilimitados. Pero, el asesinato de un líder de la izquierda batllista en octubre de 1933, Julio César Grauert, en un enfrentamiento con la policía, le puso gran parte del país en su contra. Pocos días antes el ministro del interior Francisco Ghigliani había escrito en El Pueblo, órgano del terrismo, y con el más puro acento de un cuasi fascismo: «Amansarse y vivir o rebelarse y morir».  Ante el asesinato de Grauert exclamó: «Así les ha ido y así les irá a los que pretendan imitarlos». En 1934 los empleados del diario El Día hicieron una huelga a la que se sumaron todos los diarios de la capital y se mantuvo durante muchas semanas en las cuales el gobierno se vio privado de toda difusión propagandística. El 28 de enero de 1935, estalló una revolución que fracasó por la falta de coordinación de las fuerzas y el manifiesto desorden con que fue encarada. Hubo un enfrentamiento armado con la policía con el resultado de tres muertos de cada lado. La aviación de Terra bombardeó a los alzados en armas, dejando cinco muertos más. La revuelta duró solo nueve días. Hacia octubre se atentó contra Terra en el Hipódromo de Maroñas en ocasión de la visita del presidente de Brasil Getulio Vargas. Le disparó de cerca uno de los que había hecho detener en Isla de Flores, el nacionalista Bernardo García, Terra solo quedó herido levemente. Adolfo Hitler se regocijó con la salvación de Terra de ser muerto. Este, gobernó como presidente constitucional dos años y un mes; seguidamente lo hizo otro año largo, pero ya como presidente de facto; y, cerca de cuatro años más como presidente irregular. Entregó el mando después de las elecciones de 1938 en las que, abstención del batllismo neto mediando, los candidatos del Partido Colorado fueron su consuegro Eduardo Blanco Acevedo y su cuñado Alfredo Baldomir. Terra murió en 1942 luego de una cruel enfermedad que lo tuvo paralizado y sin habla durante tres años. Él y sus descendientes, en honor a la verdad, quedaron bastante pobres lo que prueba su honradez en asuntos del erario (ver).

El gobierno de Alfredo Baldomir Ferrari

Se dio como un paso del golpismo terrista al golpe “bueno” de Baldomir Ferrari, nacido en Paysandú el 27 de agosto de 1884, murió en Montevideo el 24 de febrero de 1948. Fue militar, arquitecto y político uruguayo. Se desempeñó como Presidente entre 1938 y 1942, fue el autor del golpe de estado de 1942 que restableció derechos suprimidos en la Dictadura de Terra. Siendo Jefe de Policía de Montevideo, Baldomir había contribuido en forma fundamental al golpe de Estado terrista que terminó instaurando la  dictadura vista. Durante ese período ocupó el Ministerio de Defensa y fue ascendido a General. En 1938 asumió la Presidencia de la República para el período 1938-1942. El general Baldomir disolvió el Parlamento y lo reemplazó con un Consejo de Estado, compuesto por partidarios del expresidente Batlle y otros colorados, en febrero de 1942. Su gobierno aumentó las relaciones diplomáticas con los países del Eje. El 21 de febrero de 1942 fue autor del denominado “golpe bueno”, que restableció derechos constitucionales con la disolución de las cámaras a través de la promulgación de una nueva Constitución en ese año. Parte de los derechos fundamentales habían sido suprimidos durante la reforma de 1934 propiciada por la dictadura de Terra iniciada en 1933. La expresión «golpe bueno» fue acuñada por la prensa, ya que no hubo censura, ni detenciones, como sí las hubo en el golpe de 1933. Por tal motivo se suele hablar de este periodo como de una «dictablanda» (ver: Tabaré Petronio, 2000. «Baldomir y el golpe bueno», Apuntes de Historia del Uruguay.  Tomo 10. pp.67-69.-Ver: Horacio Machín. “Alfredo Baldomir y el golpe bueno”. Ver: Ana Frega; Mónica Maronna; Yvette Trochon “Baldomir y la restauración democrática (1938-1946)”, EBO págs. 148-151).

El sentido del acto suicida de Baltasar Brum

El suicidio de Baltasar Brum se produjo bajo la forma de una oblación, al procurar “ofrecer” su persona en sacrificio por la causa de la libertad y la democracia uruguaya. Brum renunció voluntariamente a su vida, la abandonó en calidad de “don” ante el altar de una patria mancillada por el golpista Terra. Brum se entregó, acortó voluntariamente su ciclo biológico por los ideales del batllismo esperando a cambio la salvación del pueblo uruguayo, que en esta ocasión fue inferior, dada su nula respuesta. No se dio entre Brum y Uruguay un do ut des, solo operó la primera parte del intercambio. Lo de Brum no fue sino el agathusia o sacrificio noble de los griegos; el seppuku o harakiri de los japoneses; el senicidio de los pueblos arcaicos; la satí de las viudas hindúes. Brum atentó contra la propia vida, se inmoló con el noble propósito de salvar el valor democrático que era el orgullo y la admiración de la “Suiza de América”. A la manera de Vladimir Mayakovsky —el poeta revolucionario ruso desilusionado por los excesos de la represora burocracia estalinista—, Brum se descerraja en público el tiro que debía llenar de vergüenza y arrojar un baldón sobre el golpista que venía de instaurar la primera dictadura del siglo XX uruguayo. Brum es Jan Palach, ardiendo en fuego y amor por la patria. Brum es el bonzo vietnamita que se arde a sí mismo para denunciar ante el mundo la ruptura de la democracia de su país.

Siendo todo suicidio acto complejo, el de Brum, como toda autosupresión voluntaria de la vida, debe ser analizado bajo diferentes ángulos. Por ejemplo, el de la “agresión”. El acto de Brum es agresivo, de ataque, de pulsión de rabia contra el que ha violentado la institucionalidad republicana. Brum violenta y se violenta contra Terra para “alcanzarlo”, para denunciarlo. También, para “vengarse” de él, de su antiguo ministro, del batllista apóstata. Brum castiga a Terra, ofensor del principio democrático de no reelección. Brum le causa remordimiento a Terra, puesto que la propia hija de este expresó en cierta ocasión que su padre amaba a Brum; sin embargo, lo ha “matado”. Muerto, Brum deviene en el espectro que le perseguirá por el resto de su vida. El acto de suicidio de Brum es agresivo por haber sido acompañado del designio previo de repeler el arresto por los esbirros del régimen. Brum se enfrenta a los bomberos de Montevideo no para matarlos sino para suprimir la “autoridad” que representan o al que les ha dado la orden. Sansón quiere morir llevándose a los filisteos, Brum quiere lo mismo, pero llevándose al espurio así no le sea físicamente posible. Como un zelote, un circasiano, un Berserker, un kamikaze nipón o un soldado romano Brum practica la devotio lanzándose con dos revólveres contra el enemigo a fin de causarles el mayor número posible de bajas, reservándose para sí la última bala.

¿Cuál fue el fin que le dio sentido a la acción suicida de Brum? ¿Cuál la meta, el propósito, el proyecto de un acto que fue libre pero que no por ello deja de tener una causa que lo explica? ¿Lo explica la libertad o la necesidad? O, ¿lo explican varios sentidos? Por ejemplo, ¿uno de “sacrificio-oblación” y otro de “suicidio-venganza”? Las variantes explicativas seguro que existen y les será más fácil a los propios uruguayos encontrarlas, inclusive estudiar a fondo la hipótesis de la enfermedad contraída de pequeño, sobre la cual no me es posible pronunciar dado que la escuché como algo ni siquiera remotamente confirmado. La complejidad del suicidio de Brum corresponde estudiarla a sus compatriotas, pero yo les insistiría en profundizar un poco más en el porqué de no haberse dado una reacción popular ese día frente al desconocimiento de tanta tradición democrática del país.

El acto suicida de Brum comporta un “sentido” que se asevera como respuesta a una situación presionada por ciertos móviles, conscientes o inconscientes, con miras al logro de alcanzar un individuo o un grupo, determinado fin, para el caso el de darse la muerte voluntariamente. El suicidio de Brum partió de una “lógica” y de una “situación”. También del “fin” propuesto por una persona singular que no logró arrastrar una comunidad tras de sí. Pese a todo, el suicidio de Brum tuvo y tiene un gran sentido, el que le dio un republicano integral a la democracia liberal. Con su acto Brum estableció un diálogo con Terra, con ese otro que traicionaba un pueblo y una tradición. Mejor, le estableció un diálogo a la comunidad uruguaya del que solo él salió engrandecido en ese momento.Sí, Brum es un símbolo de libertad.

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