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Hace 138 años falleció un personaje de gran trascendencia: se trata del activista político revolucionario y libertario que organizó el movimiento estudiantil parisino.

Por: Orlando Solano Bárcenas

Publicado originalmente en https://www.las2orillas.co/

El mundo parece estar caminando hacia una revolución social. Pero, como siempre, buscando en el pasado algunos títulos de “nobleza ideológica” de donde tomar las justificaciones o las coartadas. En las marchas de protesta actuales hay cierta tendencia – consciente o inconsciente – hacia la “desideologización”, el apolitismo o la antipolítica. Se de una aparente indiferencia frente a las ideologías; digo “aparente”, porque así no lo sepa el que dice “no tener ideología”, tiene una. En las 104 reivindicaciones que presentan y exigen los marchantes colombianos desde 2019 – que seguro aumentarán en 2020 – aún de manera inconsciente es factible encontrar profundas cargas ideológicas, dado que en ellas se pide una toma de posición frente al Estado que exige optar, escoger, situarse en, preferir una u otra. Y esta operación de descarte implica necesariamente situarse en una determinada ideología (ver: De marchas y revueltas sociales).

Hoy en día – al igual que en el universal mayo de 1968 -, el grueso de los marchantes son estudiantes de universidades públicas y de algunas privadas, que no conocen los eventos de año tan relevante para la protesta social que se desató tanto en países capitalistas (Francia, Japón, México) como comunistas (Praga, Budapest, Belgrado). Hoy, en 2020, estudiantes de Colombia y otros países acuden a las calles y a la cacerola – el nuevo gorro frigio de los tiempos actuales – sin probablemente conocer el origen de las protestas sociales de 1968 ni las de antaño, así como el tremendo sustrato ideológico que desarrollaban en los mensajes escritos y en los adoquines arrojados. Cabe precisar que en las de ese mayo las protestas se dieron más en los recintos universitarios que en las usinas parisinas. Las protestas fueron el primer fenómeno global muchos años antes de la globalización económica y fueron los intelectuales los que, junto con los estudiantes, comenzaron a trazar las estrategias activistas, sentándose las bases de la revuelta de mayo del 68. Es la primera vez que a los jóvenes se les reconoce como una parte más de la sociedad, ahora tenían una categoría social y cultural, alguien a quien se debía tener en cuenta en sus opiniones. Esto fue posible gracias a los movimientos de la contracultura que estaban apareciendo un poco por todo el mundo, y a los movimientos juveniles que siguieron como el hipismo. La Confederación General de los Trabajadores (CGT) de Francia, que había denunciado a los estudiantes como «extremistas», y el sindicato de policías, se sumaron convocando una huelga y realizando una manifestación para protestar contra la represión del gobierno llamado establishment pequeñoburgués. Era como una especie de factura histórica contra la clase que había traicionado la revolución de 1848, desatada en gran parte por Auguste Blanqui y los blanquistas

A este respecto vale la pena traer a colación las palabras de Blanqui, citadas por Marx y Engels en 1851, que parecen referirse a situaciones de hoy en día:

“Los más culpables de todos, son aquellos en los que la gente, engañada por sus bellas frases, vio su espada y su escudo; aquellos a quienes proclamó con entusiasmo los árbitros de su futuro…Que los trabajadores siempre tengan presente esta lista de nombres malditos, y si uno solo, sí, uno solo apareciera nuevamente en un gobierno revolucionario, que griten todos con una sola voz: ¡Traición!”. Luego dijo que, si los trabajadores construyen un movimiento revolucionario verdaderamente poderoso “todos los obstáculos, todas las dificultades, todas las resistencias, se reducen a nada. Pero si los proletarios no saben más que divertirse en manifestaciones callejeras, plantando “arboles de la libertad”, escuchando discursos de abogados, ya se sabe la suerte que les espera: primero, el agua bendita, después los insultos, y, por último, la metralla. La miseria siempre. ¡Que el pueblo elija!”.

De los “indignados” a los “encacerolados”

El de los indignados es un fenómeno que se dio y se está dando en el mundo actual bajo la forma de protestas signadas por la rabia, el “cabreo”, la “piedra”, la “bronca”, y, naturalmente, la “indignación”. Es como si se tratase de una prolongación de las “primaveras árabes”, de las “faveladas” de Río de Janeiro, los “tsunamis democráticos” de los catalanistas independentistas, del “poujadismo” y su prolongación a través de los “chalecos amarillos” de Francia; pero, bajo esta observación: casi todas son expresión o resultado de un emotivismo ciudadano, de espontaneísmos de “invisibilizados”, “marginalizados”, “excluidos” o gente del común, que se desbordan fácilmente para verlas luego difuminarse en largas listas de reivindicaciones (fracking, paisaje, tiburones, becas, corrupción, cafeteros, cuerpos policiales de choque, metro subterráneo, polución, plásticos, renuncias, globalización, Davos, Sao Paulo, Bolsa, etc.) que son fácilmente desvirtuadas por el poder establecido. Esto se debe en gran parte por el caer los protestantes mucho más en la rabia que en la racionalidad del cálculo político, lo que permite a los líderes o cabecillas hacer una utilización o “recuperación” de tantos motivos disímiles para sacar adelante otros motivos, por ejemplo, la distracción de las autoridades en materia de represión de ciertas actividades ilícitas. La vieja táctica: miren para allá, para que no vean para acá. Rodeada esta estrategia por el ruido ensordecedor de las cacerolas en las ciudades y de las balas en el campo.

Los métodos de protestas más frecuentes son la marcha y el paro de estudiantes, las redes sociales, intentos de empoderamiento y la acción directa con frecuencia violenta. En fin, otras formas de manifestación de una incipiente rebelión ciudadana. De eso que en Francia llaman de “citoyennisme”, tendencia que procura realizar un nuevo orden indefinido y tal vez indefinible al privilegiar la “micropolítica” y perderse el ideario, el proyecto, la visión de mundo y la utopía. Sin caudillos visibles, afortunadamente, pero también sin una clara toma de conciencia de ciudadanía dados el “espontaneísmo” y el “inmediatismo” de coyuntura, de la reivindicación parcial que es a ratos de oposición por oposición, pero sin propuestas de recambio. “Impulsivismo. “Olas”, pero sin un oleaje suficiente como, por ejemplo, entrar en las observaciones de un Alvin Toffler. “Olitas”, sin el necesario tsunami ciudadano predicado por algunos. Guijarros lanzados, pero sin la fuerza suficiente como para lograr la iconoclastia, el derrocamiento de ciertos liderazgos que le impiden o retrasan a Colombia el momento de llegar al cambio verdadero (ver: Juan Mario Laserna. «Fenómenos como Los indignados cambiaron la política», conversación con Juan Manuel Ospina). Movimientismo, sin norte. Marchismo, sin metas de llegada. Emocionantes emociones que “emocionan”, pero sin direccionamiento ideológico. O, por lo menos claro.

Las marchas de protesta social que se están dando en Colombia y el mundo tienen su historia y su carga ideológica. ¿Cuáles? Para situar las actuales marchas de los estudiantes en el plano de las ideas, nada mejor que acudir al “padre” de ellas. A Auguste Blanqui y el blanquismo.

Louis Auguste Blanqui, L’enfermé(1805-1881)

Hace exactamente 138 años, falleció en Francia el 1º de enero de 1881 un personaje de gran trascendencia para el pensamiento político universal. Se trata del filósofo, activista político libertario, revolucionario, periodista, muy actuante en la revolución francesa de 1848 y “comunero” en el París de las barricadas de 1870. Además, “padre” organizador del movimiento estudiantil parisino del siglo XIX, Louis Auguste Blanqui, El Encerrado, o El Preso cuyo pensamiento volvería a florecer en las barricadas de las protestas parisinas de mayo de 1968. El resumen de su vida gira en luchar en primer lugar por la instauración de la república contra la monarquía y luego en hacer labor incansable para el establecimiento de un socialismo libertario. Blanqui provenía de una familia muy notable.

Los Blanqui, una familia de intelectuales

  • El padre, Jean Dominique Blanqui (1757-1832), era profesor de matemáticas y física, diputado de la Convención arrestado por defender a los girondinos, caído Robespierre regresa a la Convención. Bajo el Directorio es elegido al Consejo de los Quinientos. Bajo el Consulado y el Primer Imperio es favorable al golpe de Estado del 18 de Brumario y es nombrado subprefecto. Al retorno de Napoleón 1º retoma este cargo. Bajo la Restauración se retira de la vida pública. Tuvo dos hijos destacados: el economista clásico Adolfo Blanqui (1798-1854) y el siempre insurgido Louis Auguste Blanqui (1805-18881).
  • El hermano, Adolphe Blanqui, era un economista liberal clásico que fue uno de los primeros en utilizar la expresión “revolución industrial”. Diputado por la Gironda, que siguió una línea política diferente a la de su hermano Augusto. Fue alumno de Jean-Baptiste Say, continuando su pensamiento de hacer la apología del industrialismo. Fue elegido miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas en 1825. En 1837 escribió una de las primeras historias del pensamiento económico, donde trata el tema de la lucha de clases en el sentido del liberalismo. Critica las ideas socialistas y el proteccionismo industrial. Sin embargo, defiende cierto intervencionismo de Estado en algunos dominios, por ejemplo, la expropiación por causa de utilidad pública en asuntos de alojamientos insalubres; también para la protección de la infancia abusada por el trabajo criminal.
  • Louis Auguste Blanqui fue defensor de sus ideas con las armas en la mano y no solo desde un puesto en la Biblioteca Nacional de Francia o del British Museum, como cierta famosa pareja de intelectuales alemanes más dados a la elucubración que a la práctica revolucionaria de calle. Conjugando teoría y praxis, Auguste inspiró el “blanquismo”, la corriente revolucionaria que movilizó a la Francia de gran parte del siglo XIX, en especial a través de la “Sociedad de las Familias”. Blanqui fue un ídolo para los estudiantes franceses y europeos de su época (ver: Orlando Solano Bárcenas. Tratado de ingeniería electoral y derecho electoral. Bogotá, Leyer, 2002).

Auguste Blanqui, un libertario integral

Lo fue desde el Primer Imperio hasta la Tercera República, lapso durante el cual conoce dos regí­menes de los Napoleones (1º y 3º) y tres revoluciones.

Miembro del carbonarismo, lucha contra la represión política desatada por la monarquía. Escribe con radicalismo absoluto sobre temas políticos que denuncian los excesos de los borbones. En especial la dura política de Luis XVIII y su Carta “Otorgada”. Es época de hambrunas. Durante la “Revolución de Julio” de 1830 demuestra incansable activismo en el derrocamiento de Carlos X. Este, suprime los derechos y libertades crea las ordenanzas y suspende la ley electoral. Todo contra el pueblo. Un periódico se insurge y cuarenta y cuatro periodistas firman un manifiesto contra esta política reaccionaria. Se dan las tres gloriosas jornadas de Julio 27,28 y 29 de 1830. En el primer día, aunque no hay ningún conflicto bélico tenemos a obreros, estudiantes y diputados en las barricadas. Durante el segundo día, el ejército abre fuego. La gran masa levanta barricadas. Carlos X abandona el poder y sale del país. Los diputados asumen el poder. La revolución está en marcha. Dilemas: ¿monarquía o república? Se ofrece para gobernar Francia, la dinastía de los Orleans. Sube al trono Luis Felipe. Vuelve al sistema de Carta Otorgada, libertad de prensa y derecho al voto. Es el poder ahora real de la burguesía. Los obreros quedan por fuera.

Apoyado por la burguesía en ascenso, Luis Felipe de Orleáns asciende al trono, y Blanqui responde con furia. A partir de este momento comienza a ser encarcelado tantas veces, que recibe el apodo de «L’enfermé» o El Encerrado. En 1830 en Francia e Inglaterra hace su aparición la clase trabajadora como fuerza política independiente; también los movimientos nacionalistas de muchos países europeos. Fenómenos estimulados por la industrialización y urbanización. Las ideologías se van formando. Las izquierdas se dividen entre moderados y radicales. Se internacionalizan. El liberalismo también se divide entre el moderado (en Francia, Inglaterra y Bélgica) y el liberalismo radical (en Suiza, España y Portugal). La dupla conformada por un absolutismo reaccionario y liberales moderados (iglesia, terratenientes y clase media) frente a un liberalismo radical (clases bajas, intelectuales) se enfrenta en Europa. A su turno los radicales se dividen en “demócratas” (próximos a los campesinos y ciertos nobles, de ideas girondinas y federalistas) y “extrema izquierda” (proclive a buscar el apoyo de las masas y al jacobinismo, centralista). Pero, también estaban los carbonarios, próximos al blanquismo (estudiantes, intelectuales, idealistas, exiliados). El enemigo por derrocar era el rey Borbón Carlos X. En esta tarea se embarcaron, sobre todo en París, burgueses, intelectuales, estudiantes, obreros que roban las armerías y construyen barricadas. El ejército se niega a reprimir a los revolucionarios y el rey abandona el país. Se le entrega la corona a Luis Felipe de Orleans que adhiere a los principios liberales.

Blanqui, en permanente revuelta al lado de los obreros y de las clases populares tanto de París como de Lyon y otras ciudades industriales, acentúa su activismo político. Al lado de su compañero de luchas, Pierre Leroux (1797-1871), estudia las doctrinas de Saint-Simon y Fourier. Ingresa a la “Sociedad de los Amigos del Pueblo” con el firme propósito de ayudar a difundir los ideales republicanos. Amigo de Filippo Buonarroti (1761-1837) -el fiel compañero de Gracchus Babeuf (1760-1797), de François-Vincent de Raspail (1794-1878) y Armand Barbès (1809-1870) Blanqui va profundizando en su ideario político de permanente protesta. Admirado y criticado por Karl Marx y Friedrich Engels no sin cierta envidia y a ratos mala fe, tal vez por ser un hombre de acción y pensamiento y muy admirado por los estudiantes universitarios parisinos que lo siguen con devoción por su acendrado radicalismo libertario (ver: Marcel Prélot. Sociologie politique. Paris, Dalloz, 1973).

La “Monarquía de Julio” lo persigue y se ve obligado a fundar en 1835 una sociedad clandestina llamada “La Sociedad de las Familias”, que sería desmantelada por la policía. Blanqui y sus amigos son encarcelados. Vuelto a la libertad funda «La Sociedad de las Estaciones” junto a Barbès y Alexandre Martin-Bernard, llamado el obrero Albert (1815-1895).

La de Blanqui una vida agitada de agitador casi profesional

Varias circunstancias signaron la vida de Auguste Blanqui: su afiliación al carbonarismo socialista, sociedad política secreta (i); la literatura de corte socialista, comprometida con la denuncia de las injusticias del orden social (ii);una serie de acontecimientos políticos y sociales muy violentos, a saber, la revolución de 1830, que llevó a la burguesía al poder; y las insurrecciones de 1831 – desatadas en Lyon en medio de pavorosas hambrunas -, y la de 1834, donde el conflicto ca­pital -trabajo se expresa bajo la confrontación de las posturas aristocráticas con las democráticas sobre el rol del gobierno y el estado lamentable de las clases populares (iii).

Las desigualdades existentes entre la minoría gobernante y la masa de la nación insurgen a Blanqui y le inclinan a iniciar otra revolución para poder llevar las clases menos favorecidas al poder y situar a Francia en el camino del progreso. Las marchas, las protestas y la agitación social están férreamente prohibidas – como en los tiempos de Napoleón Bonaparte. Blanqui, para iniciar su compromiso con los pobres se va por la vía de la conspiración contra los regímenes autoritarios de su época. En esta posición le sigue gran parte del estudiantado y el estrecho círculo de su élite de colaboradores secretos, con el espíritu de las catacumbas.

Ideario político de Auguste Blanqui

En 1839, Blanqui decide derrocar la monarquía junto a 500 revolucionarios (Los Quinientos). Ocupan el ayuntamiento de París. Las tropas reales aplastan la revuelta. Blanqui y Barbès son condenados a muerte el 14 de enero de 1840. El rey Luis Felipe, presionado por la opinión pública y gracias a la intervención de Víctor Hugo y Lamartine, conmuta finalmente esta condena por la de cadena perpetua. Paga ocho años de dura condena. Pero, no deja de seguir atizando el movimiento revolucionario desde prisión. Al inicio de la “Revolución de 1848”, llega un breve periodo de apogeo para los trabajadores que termina con una dura derrota. Blanqui se monta sobre las barricadas. El golpe de Estado de 1851 le impone esta estrategia.

Más tarde funda la “Sociedad Central Republicana”, de tendencia radical, desde donde apoya el siguiente ideario: instaurar una dictadura del proletariado bajo los postulados de desarme de la burguesía (i); un pueblo en armas, el proletario (ii); aplazamiento de las elecciones a falta de un electorado obrero y campesino ilustrados en los temas de gobierno (iii); supresión de la prensa burguesa (iv); inmediata destrucción del antiguo orden de cosas y construcción de una sociedad nueva (v); abolición de la pena capital por razones políticas (vi); abolición de la esclavitud en las colonias francesas (vii); instauración por primera vez del sufragio universal masculino (viii); el medio revolucionario que se privilegia es el del partido de los revolucionarios, o sea, de la élite conspiradora que desconfía de las masas (ix); la revolución solo la concibe a través de una insurrec­ción perpetrada por el partido, después pro­pugna por una dictadura que impondría entre otras cosas, la escuela laica y gratuita, cooperativas, una legislación socialista (x); «el comunismo no puede implantarse por decreto», ni «cambia por sí mismo ni a los hombres ni a las cosas» (xi); lucha por imponer una teoría y práctica del golpe de Estado instrumentado por una elite de vanguardia revolucionaria armada de conspiradores, al margen de toda participación de masas (xii); llegados al poder este deberá ser ejercido transitoriamente de manera dictatorial, en beneficio de los intereses mayoritarios (xiii); la idea de todo esto era imponer desde arriba un programa revolucionario, para extinguir los rezagos del capitalismo e impulsar la transformación social (xiv). En la realización de este ideario la juventud francesa debía jugar un papel de primer orden que luego concitase el apoyo de sus compañeros de Europa. Marx, pese a su ambigua posición frente a él, tomaría de Blanqui dos de los conceptos fundamentales del blanquismo: la “lucha de clases” y la “dictadura del proletariado”. Ya antes había dicho —no sin mala fe— que el blanquismo no tenía mucho que aportar al socialismo.

Al momento previo a la elección de la Asamblea constituyente, Blanqui recomienda sin éxito que se retrasasen las elecciones generales por considerar que las clases populares aún no están lo suficientemente maduras para la participación electoral. Al ganar los republicanos moderados los comicios, se adoptan medidas impopulares que reavivarán la agitación social. Se establece un gobierno provisional y se funda el “Club de Seguidores de Auguste Blanqui”. Otros clubes obreros apoyan a Étienne Cabet o a Louis Blanc. En Rouen, Lyon y París, el Ludismo y las manifestaciones obreras son violentamente reprimidas por el ejército.

En mayo de 1848 una manifestación convocada por el «Comité Central de los Clubes», liderada por Auguste Blanqui, ocupa el edificio del Ayuntamiento de París, sede del gobierno de la República. El ejército interviene y Blanqui es detenido nuevamente. Condenado a diez años de prisión desde los barrotes lanza en 1851 su carta al «Comité de Social Demócratas», que sería prologada y distribuida por Karl Marx. En 1857 es deportado a Córcega y en 1859 es enviado a Argelia. Pero, la revolución de 1848 ya no es tanto de intelectuales, ahora lo es de los sindicatos obreros que piden más que una constitución política, el sufragio universal y la soberanía popular. Esta reivindicación conducirá muy pronto a exigir la república, la libertad de prensa y, sobre todo, las libertades económicas. El estudiantado francés apoya decididamente estas reivindicaciones. El europeo sigue con atención los eventos revolucionarios de Francia, como lo haría más tarde en el Mayo de 1968.

Llegado el “Segundo Imperio” Blanqui vuelve a la lucha, lo que le vale en 1861 una nueva detención. En prisión conoce a Paul Lafargue, el futuro yerno de Marx, un suegro celoso y gruñón. Es seguido con fervor por la juventud revolucionaria. Escapa en 1865 a Bruselas. Escribe numerosos ensayos de economía política, filosofía y sobre el socialismo recopilados bajo el título de “Crítica social”. Colabora en periódicos y establece contactos con intelectuales socialistas, estudiantes y revolucionarios de todos los colores del espectro político. Sus ideas se expanden con fuerza contra el Imperio y se afilia brevemente a la “Asociación Internacional de Trabajadores”, pronto se opondrá a ella. Sus seguidores crean creado el “Partido Blanquista”. Auguste les redacta el opúsculo intitulado “Instrucción para la toma de las armas”, un manual detallado sobre cómo llevar a cabo la revolución en París. En 1869 se declara una amnistía general que le permitirá regresar a esta capital. Inmediatamente participa en dos revueltas – que fracasan -, la del 12 de enero y el 14 de agosto de 1869.

Blanqui bajo la Comuna de París y la Tercera República

La Comuna y la Tercera República le seguirán a la derrota francesa infligida por el ejército prusiano. Napoleón III firma la capitulación el 2 de septiembre de 1870, en Sedán. Seguidamente es encarcelado en Alemania. El 4 de septiembre tienen lugar en París los acontecimientos conocidos como la “Revolución del 4 de septiembre”, que proclama la Tercera República. Se constituye un gobierno de defensa nacional. Auguste Blanqui crea un club y el periódico “La patria en peligro” donde expone las medidas a tomar para defender y salvar al París sitiado por el ejército enemigo. La ciudad es mal defendida y para evitar su capitulación Blanqui lidera el movimiento popular del 31 de octubre de 1870, formando parte del grupo que asumió brevemente las riendas del poder. Debido a esto, en 1871 es condenado en ausencia a una nueva cadena perpetua. Atenta sin éxito contra la vida del presidente Louis Adolphe Thiers, siendo atrapado y obligado a cumplir la condena.

En 1871 tuvo lugar la revuelta conocida como “La Comuna de París” en la que no pudo participar, pero sí pudieron hacerlo “blanquistas” entusiastas. En 1872, Blanqui es condenado – junto a otros dirigentes de la Comuna – a ser deportado a una colonia penal fuera de Francia para darle cumplimiento a la condena de por vida que le había sido impuesta. No obstante, se le conmutan las dos penas, la vitalicia y la de deportación. A cambio se le da un año de prisión. Durante la reclusión fue elegido diputado por el distrito de Burdeos, pero la elección fue invalidada alegando que carecía de derechos políticos para ser electo, debido a que purgaba una pena no extinta. Esto no desanimó al siempre revolucionario Blanqui quien, al salir de prisión, reanuda de inmediato su activismo contra el régimen. En 1880 funda el periódico “Ni dios ni amo”, cuyo título se convirtió en el lema de los anarquistas franceses. Murió en París de apoplejía el 1o de enero de 1881 mientras terminaba de decir un discurso durante un mitin revolucionario. En ese momento, Jules Grévy (1807-189) era el presidente de la República francesa.

El legado político de Auguste Blanqui

Blanqui supo conjugar teoría y práctica. Las ideas y las armas. Fue y será un referente del estudiantado mundial de todos los tiempos, al darle las bases intelectuales que justifican la révolte. Los socialistas del mundo – de todas las tendencias – abrevan en sus teorías. Supo tomar posición de clase frente a su extracción de clase media alta. Nunca se arredró frente a la cárcel y las persecuciones políticas. Supo vencer los resentimientos que pudieron haberle traído las traiciones de algunos de sus parientes y seguidores. También fue admirado por grandes intelectuales de su tiempo cuales el gran poeta Charles Baudelaire (1821-1867),

Charles Bernard (1876-1967), Charles Bernard Renouvier (1815-1903), Charles Sainte-Beuve (1804 -1869) y Charles Marie René Leconte de Lisle (1818-1894).

Pese a estar en prisión Blanqui, le dio vida a “La Comuna de París”. La fuerza de sus ideas al parecer suscitaron en Marx y Engels – encerrados en sus bibliotecas, sus dogmas y acomodados a extrañas transacciones – cierta admiración que no podía ocultar trazos de envidia. Los blanquistas nunca aceptaron esos acomodamientos de la pareja creadora del Manifiesto Comunista. Blanqui es uno de los revolucionarios profesionales europeos más destacados del siglo XIX por estar siempre conspirando o situado detrás de las barricadas luchando en y por la calle, o en los cafés y clubes secretos que fundase. Ver rodar gobiernos reaccionarios era la principal motivación de su vida. Fomentar insurrecciones era para él un verdadero arte. Pero, pagó cara su rebeldía al estar más de treinta y tres años de sus 76 años de vida en treinta mazmorras que minaron su salud mas no su voluntad. Su consuelo fue sobrevivir a todos los gobiernos que lo encarcelaron.

El blanquismo, una escuela de rebeldía

Es ante todo una doctrina comprometida con el activismo, con la “acción”. La primera tarea debía ser lograr la República. Instaurada, debía llegar el comunismo a Francia. La vigencia de Blanqui fue permanente durante el siglo XIX al seducir a intelectuales y estudiantes por igual. A estos les inoculó férrea disciplina y un acendrado espíritu de combate revolucionario. El blanquismo hace figura de teoría y práctica encaminadas a procurar un levantamiento masivo de la población. Estos propósitos de Blanqui, que a diferencia de Marx y Engels no estuvieron solo en su mente, fueron ejecutados en la praxis cotidiana. Vladimir Ilich Lenin las pondría en práctica – de manera trágica y cruel por lo demás – , con la tesis del partido único revolucionario; tesis y praxis que llevarían a la URRSS a la represión, al Holomodor, al burocratismo de la Nomenklatura, a los goulags y la crueldad del stalinismo y otros de sus sucesores. En los años 60s el apoyo de un estudiantado ahora universal se rebelaría con valor contra un comunismo represivo, alienante de burócratas ladrones del erario y de la revolución. Blanqui reemplazaba a Marx y Engels en suministrarle el sustento ideológico a una révolte que terminaría derribando el Muro y la dictadura del proletariado levantada sobre un economicismo sin humanidad.

El análisis de Engels al blanquismo recae sobre el espíritu conspirativo (a través de sociedades secretas con fuerte estructura piramidal), la estricta disciplina, el secretismo, el escaso número de miembros, el “despliegue de intensa y despiadada energía” mientras las masas llegaran al poder; pero, sobre todo, en lo referente a la “más estricta centralización dictatorial”. No imaginaba el inspirado Federico que sus tesis sí llevarían – en su aplicación – al desastre del movimiento comunista, al fin de la polarización y al surgimiento de realidades libertarias más próximas al pensamiento de los que él llamaba despectivamente, los “utópicos”. Ser realistas pidiendo lo imposible, encajaba más en el pensamiento de estos últimos que en las “objetividades” de los marxistas dogmáticos.

Por el lado de Marx se constata que se identificaba con Blanqui en el espíritu revolucionario (Auguste era todo un agitador), algo en la necesidad de la conspiración (Blanqui era en esta materia un profesional), otro poco en lo del recurso a la violencia (pero no tanto en la eficacia del “golpe de mano” como medio de acceder al poder que defendía con acervía Blanqui), en el objetivo comunista y finalmente en la dictadura revolucionaria. Pese a su antipatía, Marx dijo de Blanqui que era «la cabeza y el corazón del partido proletario en Francia» y que por todas partes planeaba la sombra del que los insurrectos y los estudiantes parisinos llamaban con cariño y admiración, «el Viejo».

Pero, Marx y Blanqui se alejaban en asuntos relacionados con los fines y los medios. Para Blanqui el factor económico – la infraestructura marxiana – no es tan crucial, como sí lo es la superestructura y es por esta razón que hay autores que no lo consideran un socialista; sin embargo, Auguste jamás desdeñó la tesis de que el conflicto capital-trabajo es fundamental para entender la crítica al capitalismo y para luchar por el triunfo de las clases trabajadoras. El blanco predilecto de la filosofía de Blanqui fueron siempre el idealismo y la obnubilación o terror que lo sobrenatural produce en los trabajadores y de allí su ateísmo militante que considera primordial la lucha contra la religión por ser el arco toral del orden establecido. El cambio social, afirma Blanqui, debe producirse primero en los espíritus antes que en las condiciones materiales de la vida. El materialismo de Blanqui combate el idealismo en todas sus formas, incluido el positivismo. En todo caso, Blanqui puede ser considerado como un buen analista político que también tuvo momentos de profetismo.

Blanqui, super star en las primaveras parisinas/68

Los estudiantes franceses de mayo de 1968 sí apreciaron a Blanqui con fervor y como él exclamaron: “Seamos realistas, ¡pidamos lo imposible!”. Por su lado, los burócratas del Partido Comunista francés solo pedían aumentos salariales. Los pragmáticos de siempre se también resistían a las ideas de Blanqui, tal vez por no comprenderlas en sus verdaderos alcances. Sobre todo, en lo más valioso y en lo que le hizo falta a una URSS ahíta de burocracia, dogmatismo y ladronzuelos de los dineros del Estado: la utopía. De allí que, en las primaveras universales de 1968, las tesis de Marx-Engels se quedasen superadas por la fuerza de las ideas del blanquismo. Chez Renault superado por Chez Sorbonne.

En el Mayo/68 parisino se lanzaron o pintaron ingeniosos eslóganes, casi siempre con profundas cargas ideológicas. En algunos pueden verse reminiscencias del ideario de Auguste Blanqui: Sed realistas, pedid lo imposible. – El mundo es demasiado pequeño como para no encontrarnos. – Tomen lo que necesiten. – Bajo el adoquín, la playa. – Ellos han ensayado enterrarnos, no saben que nosotros somos granos. – Mejor la vida. – Nosotras somos de aquellas que se organizan y nunca más plancharemos vuestras camisas. – No es un signo de buena salud mental estar bien adaptado a una sociedad enferma. – No a la burocracia. – La imaginación al poder. – La violencia es la partera de la sociedad en génesis. – El patriotismo es un egoísmo de masa. – La poesía está en la calle. – El masoquismo de hoy toma la forma de reformismo. – ¡El fascismo al inodoro de la historia! – Tomen sus deseos por realidad. Todo poder abusa: el poder absoluto abusa absolutamente. – La revolución debe hacerse en los hombres antes de realizarse en las cosas. – Elecciones: traición. – Mejor un fin espantoso que un espanto sin fin. – Las armas de la crítica pasan por la crítica a las armas. – No es más que el comienzo, continuaremos la lucha. La lucha contra la policía exige una cualidad especial; exige cualidad revolucionaria. – El poder tenía las universidades. Los estudiantes las tomaron. El poder tenía a las fábricas. Los obreros las tomaron. El poder tenía la ORTF (Oficina de Radio y Televisión Francesa). Los periodistas la tomaron. El poder tiene el poder. ¡A tomarlo! – La nueva sociedad debe estar fundada sobre la ausencia de todo egoísmo, de toda egolatría. Nuestro camino será una larga marcha de fraternidad. – De la crítica a la universidad de clases al cuestionamiento de la sociedad capitalista. – Gracias a los exámenes y a los profesores, el arribismo comienza a los seis años. – Profesores, ustedes nos hacen envejecer. – En los exámenes, responda con preguntas. – Examen = servilismo, promoción social, sociedad jerárquica. – Olvídense de todo lo que han aprendido. Comiencen a soñar. – Contempla tu trabajo; la nada y la tortura forman parte de él. – No puede volver a dormir tranquilo aquel que una vez abrió los ojos. – El sueño es realidad. – Decreto el estado de dicha permanente. – Ser libre en 1968, es participar. – Dios: sospecho que eres un intelectual de izquierda. – Pensar juntos no. Empujar juntos sí. – Las paredes tienen orejas. Vuestras orejas tienen paredes. – ¡El fuego realiza! La barricada cierra la calle, pero abre el camino. – Te amo! ¡Oh!, díganlo con adoquines. – Nuestra esperanza sólo puede venir de los sin esperanza. – El derecho a vivir no se mendiga, se toma. – La libertad no es un bien que poseemos. Es un bien del que, gracias a las leyes, los reglamentos, los prejuicios y la ignorancia, nos hemos visto despojados. – Cuando lo extraordinario se vuelve cotidiano, ¡hay la revolución!. – La revolución estará mejor en las manos de todos que en las manos de los partidos. – Todo reformismo se caracteriza por el utopismo de su estrategia y el oportunismo de su táctica. – Los que tienen miedo estarán con nosotros si nos mantenemos firmes. – En las cavernas del orden nuestras manos fabrican bombas. – La política pasa en la calle. – Roma… Berlín… Madrid… Varsovia… París. – Camaradas, ¡a las armas!. – Prohibido prohibir. – La libertad comienza por una prohibición. – Cambiar la vida. Transformar la sociedad. – Cuando el último de los sociólogos haya sido colgado con las tripas del último de los burócratas, todavía tendremos problemas. – ¡Abajo la objetividad parlamentaria de los grupúsculos!. – La inteligencia está del lado de la burguesía. – La creatividad del lado de las masas. ¡No voten más! – Heráclito retorna. Abajo Parménides. Socialismo y libertad. – Es necesario explotar sistemáticamente el Azar. – La acción no debe ser una reacción sino una creación. – Franceses un esfuerzo más…!. – Viva la comunicación! ¡Abajo la telecomunicación! -Ni robot, ni esclavo. – La emancipación del hombre será total o no será. – Somos todos judíos alemanes. – La novedad es revolucionaria, la verdad también. – ¡La pasión de la destrucción! Es una alegría creadora (Bakunin). – La libertad es la conciencia de la necesidad. – Organizarse! ¡Armarse!. – No me liberen: yo me basto para eso. – Escuela de la calle. – La revolución, es una iniciativa. – Si usted piensa por los otros, los otros pensarán por usted. – Mis deseos son la realidad. – Cada uno de nosotros es el Estado. – La escultura más hermosa es el adoquín de granito. – Fronteras = Represión. – La revolución debe dejar de ser para existir. – Cuanto más hago el amor, más ganas tengo de hacer la revolución. Cuanto más hago la revolución, más ganas tengo de hacer el amor. – Todo es nada. – Abraza a tu amor sin dejar tu fusil. – Vivir el presente. – Todo el poder a los consejos obreros. – Tomemos en serio la revolución, pero no nos tomemos en serio a nosotros mismos. – La libertad de los otros prolonga la mía hasta el infinito. – La imaginación toma el poder.-Creatividad. Espontaneidad. Vida. -Aprende a cantar La Internacional. – Queda estrictamente prohibido prohibir (Ley del 13 de mayo de 1968). – La obediencia comienza por la conciencia, la conciencia por la desobediencia. – La acción permite superar las divisiones y encontrar soluciones. La acción está en la calle. – Para poder discutir la sociedad en que se “vive”, es necesario antes de ser capaz de discutirse a sí mismo. – ¡La calle vencerá!. – Corre camarada, el viejo mundo está detrás de ti. – ¡Viva la Comuna! – Vivir contra sobrevivir.- Burgueses, que retiran la escalera tras ellos para no dejar subir al pueblo (Víctor Hugo). – El levantamiento de los adoquines de las calles constituye la aurora de la destrucción del urbanismo. Acumulen rabia. – No hay pensamiento revolucionario. Hay actos revolucionarios. Desabrochen el cerebro tan a menudo tan a menudo como la bragueta. – ¡Todo el poder a los soviets libres!. – “El combate es el padre de todas las cosas” (Heráclito). – En las facultades: 6% de hijos de obreros. En los reformatorios: 90%. – Lo sagrado: ahí está el enemigo. – Yo jodo a la sociedad, pero ella me lo devuelve bien. – Diga no a la revolución con corbata. – Cuestionamiento permanente. – Civismo rima con fascismo. – ¡Abajo el realismo socialista! ¡Viva el surrealismo!. – No hay libertad para los enemigos de la libertad. -Tenemos una izquierda prehistórica. – El deber de todo revolucionario es hacer la revolución. – La voluntad general contra la voluntad del general. – De Gaulle no. Mitterand no. Poder obrero sí. – No queremos un mundo donde la garantía de no morir de hambre se compensa por la garantía de morir de aburrimiento. – No es el hombre, es el mundo el que se ha vuelto anormal. – Exagerar, ese es el arma. – Viole su alma mater. -La insolencia es la nueva arma revolucionaria. – La cultura es la inversión de la vida. – Todo poder a los consejos obreros. – Todo el poder a los consejos iracundos. – ¡Viva la democracia directa!. – Construir una revolución, es también romper todas las cadenas interiores. – No es una revolución, majestad, es una mutación. – No se encarnicen con los edificios, nuestro objetivo son las instituciones. – Si lo que ven no es extraño, la visión es falsa. – La belleza será convulsiva o no será. – La sociedad es una flor carnívora. – El nada me importa erigido en sistema. – La selva precede al hombre, el desierto lo sigue. – El acto instituye la conciencia. – La burguesía no tiene más placer que el de degradarlo todo. – Un pensamiento que se estanca es un pensamiento que se pudre. – Dejemos el miedo al rojo para los animales con cuernos. – El hampa somos nosotros. – ¡Sean sucios, pero azucarados jamás!. – La economía está herida; ¡Qué reviente!-Seamos realistas, ensayemos lo imposible. – La revolución es increíble porque es verdadera. – La imaginación no es un don sino el objeto de conquista por excelencia. -Agitación permanente. – El discurso es contrarrevolucionario. – Proletario es aquel que no tiene ningún poder sobre el empleo de su vida y que lo sabe, Poder estudiantil. – Exagerar es ya un comienzo de invención. – Sexo: está bien, ha dicho Mao, pero no demasiado seguido. – El alcohol mata. Tomen LSD. – Dios es un escándalo. Un escándalo que da rentas. – Amaos los unos encima de los otros. – Basta de tomar el ascensor: toma el poder. – Cuando la Asamblea Nacional se convierte en un teatro burgués, todos los teatros burgueses deben convertirse en asambleas nacionales. – ¿Vamos a pasarnos el tiempo especulando sobre la revolución? ¿O vamos a poner nuestros actos de acuerdo con nuestras palabras?. – ¡Sean breves y crueles, antropófagos!. – Soy marxista de tendencia Groucho. – Las reservas impuestas al placer excitan el placer de vivir sin reservas. – Sólo la verdad es revolucionaria. – Francia para los franceses, slogan fascista. – Estamos tranquilos: 2 2 ya no son 4. – Inventen nuevas perversiones sexuales (¡no puedo más!). – ¿Cómo pasar del decir al hacer? – Camaradas, si todo el pueblo hiciera como nosotros… – Ni Dios ni amo. – ¡Viva la revolución! – ¡Abajo el Estado! – La publicidad te manipula. – Yo gozo en los adoquines. – Bajo los adoquines está la arena .Vivir sin tiempos muertos. – La mercancía es el opio de los pueblos. – Esto sangra… – No se reivindicará nada. No se pedirá nada. Se tomará. Se ocupará. – Yo no estoy al servicio de nadie; el pueblo se servirá solo. – En la revolución hay dos tipos de personas: las que hacen y las que se aprovechan de ella. – Graciosos señores de la política: ocultáis detrás de vuestras miradas vidriosas un mundo en vías de destrucción. Gritad, gritad; nunca se sabrá lo suficiente que habéis sido castrados. – Un solo Week-end no revolucionario es infinitamente más sangriento que un mes de revolución permanente. – Queremos las estructuras al servicio del hombre y no el hombre al servicio de las estructuras. – Queremos tener el placer de vivir y nunca más el mal de vivir. – Mis deseos son la realidad. – Y sin embargo todo el mundo quiere respirar y nadie puede respirar; y muchos dicen “respiraremos más tarde”. Y la mayor parte no mueren porque ya están muertos. – La revuelta y solamente la revuelta es creadora de la luz, y esta luz no puede tomar sino tres caminos: la poesía, la libertad y el amor. – El enemigo del movimiento es el escepticismo. Todo lo que se ha realizado proviene del dinamismo que surge de la espontaneidad. El combate es el padre de todas las cosas (Heráclito). – Más que nunca crear comités de acción. Ante todo, crear comités de acción. Victoria gracias a los comités de acción. – Los que hablan de revolución y de lucha de clases sin referirse a la realidad cotidiana hablan con un cadáver en la boca. – Si pienso que nada debe cambiar soy 1 imbécil. Si no quiero pensar soy 1 cobarde. Si pienso que tengo interés en que nada cambie soy 1 puerco. Si soy 1 imbécil, 1 puerco y 1 cobarde… Estoy por de Gaulle (Todos los derechos de reproducción autorizados, excepto para Fígaro. Sean realistas: pidan lo imposible).

Desde 1999 protestas con movilizaciones populares han dado lugar a muchos estudios sobre el fenómeno de las “primaveras” (es bien sabido, mayo es un mes “caliente”). Casi todas van dirigidas contra la corrupción, deshonor en el que Colombia es número uno. También contra el neoliberalismo. Contra el desempleo y la privatización de los servicios de salud y educación. En el caso colombiano, se presentan hasta ahora 104 peticiones. Algunos piden que a ellas no se les peguen las etiquetas de “derecha” e “izquierda”. Se pide paz y se desatan episodios de violencia. No faltan los eslóganes: El que no se mueve, no escucha el ruido de sus cadenas. – Que el privilegio no te nuble la empatía. – Colombia no te duermas ¡nunca más! -Nunca más tendrán la comodidad de nuestro silencio. Nos robaron hasta el miedo y hasta que la dignidad sea costumbre. -Caminando la palabra, se construyen universos. – Por los muertos del campo se marcha en las ciudades. – Marcho por los ausentes. -Los ideales son a prueba de balas. – Lo esencial es invisible al uribismo. – Este gobierno es más tóxico que mi ex. – Ninguna mujer le parió hijos a la guerra. – Qué cosecha un país que siembra muerte? – Es mejor morir de pie, que vivir arrodillados

Con la caída del Muro de Berlín gracias ante todo al impulso juvenil de estudiantes hartos de los dogmas justificatorios de las estulticias de la Nomenklatura soviética, fastidiados con el uso despiadado de las tesis del dúo Marx – Engels para darle un cariz “teórico” a la represión, fueron barridas por, precisamente, la Utopía de los soñadores de sociedades mejores. El negado feedback de la superestructura sobre la infraestructura por el marxismo dogmático, se llevaría de calle el economicismo estéril y ajeno a aquel joven soñador que escribiese ciertos manuscritos liberales en 1844. En cambio, Blanqui reapareció en Sorbona con la misma fuerza de sus buenos tiempos de agitador, conspirador, carbonario, insurgido, inspirador de un estudiantado que rechazaba las injusticias del industrialismo, de la explotación en el campo, de los privilegios de los señores de la nobleza parásita y expoliadora.

Blanqui era realista. Para él la toma del poder debía ser real e inmediata y con resultados palpables. En esta empresa puso en marcha un hervidero de ideas socialistas o de varias formas de socialismo, por ejemplo, la dictadura tecnocrática de Saint -Simon, la libertad absoluta de Fourier, el estatismo centralizador de Louis Blanc y el federalismo de Proudhon. Todos estos pensadores y activistas creían en el primado de la acción intelectual (“utópicos”, les llamaría Marx desde la tranquilidad de su sillón). Se afirmaban en el deísmo cristiano, profesaban su fe en los ideales de derecho y justicia, soñaban con la construcción de instituciones sociales justas, proclamaban la antipolítica o el apolitismo con férrea voluntad de cambiarla. “Transformar” el poder les movía mucho más que “tomárselo”, en lo que eran muy realistas dadas las condiciones intelectuales del proletariado de su época. Se regodeaban con el desprecio hacia todos los aspectos de la vida pública. Pero, el realismo del que se reclamaban no ignoraba la primacía de lo económico sobre muchos otros factores sociales y filosóficos, con sus debidas y necesarias retroalimentaciones. De allí que el triunfo de Blanqui y de varios de los denostados utópicos sobre Marx en el mayo de 1968 fuera, en opinión de varios analistas, por K.O. Con la caída del Muro de Berlín, el conteo pudo llegar a 10 y según algunos ácratas a 12. A modo de despedida, esta frase lapidaria de Auguste Blanqui: «Quien tiene el hierro tiene el pan».

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