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En la política los números son un auxiliar muy importante, porque los eventos electorales trabajan con cantidades y resultados numéricos. Pero no lo son todo

Publicado originalmente en https://www.las2orillas.co/

Las elecciones dan lugar a la aplicación de métodos que faciliten la expresión de la voluntad popular durante las diferentes etapas del proceso electoral. Algunos son la mano alzada, las balotas y hasta el sorteo. Con estos métodos se procura asegurar la representación. Esta, en un primer tiempo, fue “apropiada” y es característica del ámbito tradicional de jefes de clanes y tribus, monarcas; más tarde fue representación “vinculada” lograda por la elección mediante sorteo, turno o cualquier otro medio que sirviera para someter al elegido a mandato y revocación. “Ligar” al representante era y sigue siendo lo importante. Exigirle obras y no buenas razones también.

La representación a través de la elección es hoy en día el procedimiento universal en las democracias pluralistas. Ella exige la confección de la llamada “Tarjeta Electoral” (T.E.), el método que asigna los puestos de los candidatos mediante el azar de un sorteo que asegure la igualdad entre los candidatos. La T.E. le permite al sufragante ejercer el derecho al voto marcando su preferencia por un candidato, partido o movimiento político. Otra opción es la del “voto en blanco”. En la T.E. quedará expresada la representación.

El posicionamiento de los candidatos en la T.E. sale del sorteo de los números

El lugar asignado por la suerte da lugar a múltiples especulaciones, cábalas, suposiciones y misticismos un tanto divertidos, pero que no dejan de revelar ciertos fenómenos de irracionalidad que harían las delicias de los sociólogos, como sería el caso de Vilfredo Pareto, Max Weber y Talcott Parsons, entre otros.

El método del sorteo en la T.E.

Para algunos es el método más democrático porque en él decide el alea, la buena o la mala fortuna y no la mano del hombre. Pero como hoy en día se quiere recurrir a la “objetividad”, el rigor de las matemáticas resulta seductor. Sin embargo, quedan en materia electoral algunos remanentes de la “irracionalidad” del sorteo, que dan lugar a toda suerte de especulaciones, suposiciones, cábalas, pensamientos esotéricos, jasidismos rabínicos, cálculos, interpretaciones alegóricas y místicas a partir de creencias a veces desopilantes y en ocasiones divertidas. Ni siquiera la objetividad de las matemáticas logra “expulsar” del todo el recurso al azar.

Empleos del sorteo en lo electoral

Es de uso casi universal en los casos de “empate” en cuanto al número de votos depositados a favor de dos o más candidatos o listas. Puestas las papeletas en una urna con los nombres de los candidatos o de quienes encabezan las listas que hubiesen obtenido igual número de votos, un ciudadano designado por la corporación escrutadora extraerá de ella una de las papeletas. El nombre que esta contuviere será el del candidato o lista a cuyo favor se declara la elección, de acuerdo con el artículo 183 del Código Electoral colombiano. Candidatos en trance de empate, por suerte adversa se han desmayado.

La objetividad de las matemáticas en lo electoral

Matemática y ciencia corren de la mano en compañía de lo cierto, lo necesario, lo lógico y hasta lo automático. Es la pureza del número, la quintaesencia de la racionalidad y de la objetividad. Empero, el azar, el alea y la suerte siguen jugando. Para evitarlos, se aplican a la realidad político-electoral los modelos lógico-matemáticos y las nociones de sistema y de subsistemas políticos.

El cálculo de probabilidades en derecho electoral

Se aplica con frecuencia, pero a veces se queda corto. La incertidumbre de los candidatos los obliga a recurrir a su concurso. La probabilidad es la cualidad que tiene una aserción de lograr los mejores “chances” conforme a la realidad objetiva, pero sin que se pueda demostrar su verdad. La probabilidad matemática es la relación que existe entre el número de casos “probables” y el número de casos “posibles” y un “chance” es la manera favorable o desfavorable de acuerdo con la cual un evento se produce. El chance es alea, azar, fortuna, suerte. El chance son las probabilidades que tiene un fenómeno de producirse por azar. Es la eventualidad o probabilidad de que algo ocurra o no ocurra. Es una “oportunidad”, la misma que creen tener los candidatos con el número que les asigna el azar en el sorteo del posicionamiento en la T.E. Del tiraje a la suerte saldrá el diseño.

El diseño de la tarjeta electoral

Diversos métodos, técnicas y estrategias se emplean en esta tarea. En lo referente al “diseño” algunos intentos de reingeniería electoral han tenido éxito. En cuanto al “sorteo” de la ubicación de los logos de los partidos y movimientos políticos, también se han hecho aplicaciones. En estos casos hay que tener en cuenta si se ha escogido o no el voto preferente. La meta es reducir la mayor cantidad de votos nulos, facilitando el acto de sufragar. En las elecciones “uninominales” se estampan las fotos y los nombres de los candidatos con un número al lado (presidente de la República, gobernadores, alcaldes); y para los cargos “plurinominales” (Congreso, Asambleas, Concejos y Juntas Administradoras Locales) se estampa el logo del partido y el número del candidato cuando son listas abiertas con voto “preferente”, y únicamente el logo de la colectividad -sin números- para las listas cerradas.

El sorteo de logos

Se realiza en ceremonia solemne y pública en presencia de los entes de control, candidatos, partidos y veedurías ciudadanas para preservar la pureza del procedimiento. Se distingue entre elecciones “nacionales” y “locales”. De los sorteos saldrá el posicionamiento en la T.E. de candidatos y logos de los partidos, movimientos y grupos significativos de ciudadanos y surgirán cábalas y predicciones.

En la tarjeta electoral hay ciertos números muy apetecidos

La apetencia surge de los fenómenos psicológicos de la “recordación” que pueden darse o no en los electores. Los números más fáciles de recordar son el 1, el 10 o el 100. Todos los candidatos quisieran tenerlos en la T.E. por ser los de mayor impacto entre los electores o por ser guarismos aparentemente sencillos de recordar a la hora de marcar la T.E. En las listas de Congreso estos números son ocupados por figuras de relevancia dentro de los partidos o de la opinión pública. Tener estos números desata pujas entre los candidatos, aun entre los de la propia lista o partido. Casos se han visto.

Las “certezas” de los candidatos al exclamar que su número es el de la suerte

Cierto día, siendo yo magistrado del Consejo Nacional Electoral, me topé con un conocido de la Colombia profunda que iba todo contento al finalizar el sorteo para Cámara de Representantes. Al saludarlo le pregunté que a qué se debía tanta alegría. Me respondió con una frase del juego de la Lotería: “Doctor. Orlando, me tocó Dosías, la mujer de Pilatos” (el Dos). Le respondí en broma, recordando una anécdota de mi amigo José Consuegra Higgins: “¿Y no habría sido mejor Unián, cutiplán y múcura?” (el Uno). A esto me respondió: “Doctor, me habría gustado el Sin casco parió la mula” (el Cinco). Le respondí: “¿Pero mejor no era para usted el Quaterban túam?” (el Cuatro), o “¿Trigenia la flor bella”? (el Tres). Antes de que continuara con los cien dichos del juego, le di un abrazo y una felicitación muy sincera.

El número de cada candidato es visto o vivido como un regalo de la diosa romana Fortuna

Cada candidato tiene la certeza o el conocimiento cierto de que algo bueno le va a suceder, gracias al número que le ha tocado en la tarjeta electoral. “A Dios gracias”, exclaman. Certidumbre que tratan de comunicarle a sus electores para procurar la plena adhesión y les dicen orondos: “Tenemos un chance, un gran chance con este número”. Resurge la vieja noción latina de “sortis” y probablemente la expectativa del ISO/9001, pero sin la amenaza. Todo se vuelve solo predicción de triunfo. También de combate con los otros posicionamientos. Avatares de los juegos de poder. Los candidatos suelen ocultar a sus seguidores la existencia de Jyestha la diosa hindú de la mala suerte.

Los cálculos de los candidatos transidos de miedo -o de alegría- solo lo son de “probabilidades”

En realidad, ellos solo tienen posibilidades de un resultado deseado con vehemencia dentro de una serie de eventos medidos por una escala de probabilidades. La probabilidad es una medida de la certidumbre: que ocurra un evento entre 0 (imposible) y 1 (seguro). Es la llamada “esperanza matemática” o media matemática, basada en la ley de los grandes números. “Esperanza” es la dulce palabra con que se consuelan los candidatos al borde de un ataque de nervios.

De cábalas, supersticiones, números y votos

Durante el desarrollo de los sorteos electorales surgen las cábalas de siempre sobre la importancia de la posición ocupada en la T.E. sobre todo cuando no se ha ocupado el primer o el último puesto, los más fáciles de identificar por los ciudadanos no duchos en los asuntos electorales, inclinados a llenar las casillas más visibles en el tarjetón. Las cábalas de los candidatos surgen del poder mágico de los números.

Números mágicos, misteriosos, esotéricos

En ciencia, un número es una abstracción que representa una cantidad o una magnitud. Son la esencia de las matemáticas. De enorme utilidad porque permiten cuantificar y, combinados con el análisis cualitativo, agregan certezas. En ciencia política son un auxiliar muy importante, porque los eventos electorales trabajan con los números de las matemáticas, las cantidades de los censos demográficos y los electorales, los resultados numéricos y porcentuales de las elecciones, las tasas de participación-abstención, la distribución matemático-electoral de las curules, y mucho más. Puestos en las tarjetas electorales los números traen fascinación, agüeros y cábalas.

Los números en las T.E. de votación dan el posicionamiento de candidatos y partidos

Operación que puede resultar no tan pacífica. Las comparaciones entre los posicionamientos suelen traer trifulcas, rencillas debido a que los candidatos hacen fuerza para quedarse con los números dígitos, los más fáciles de recordar. Astutamente también bregan por el último número, ese que queda siempre al lado de la casilla “voto en blanco”, porque espera el candidato en afugias que el elector se equivoque y de golpe marque con la X “su” casilla y no la del voto en blanco. Casos se han visto.

De números y listas cerradas “sin” voto preferente

En las listas cerradas (llamadas no sin sorna del “bolígrafo”) el número es vital porque, dependiendo de él aumentan o disminuyen para el candidato los chances de “llegar” o de “ahogarse” en Puerto Mocho, cerca de las Bocas de Cenizas del Río Grande de la Magdalena, junto a Barranquilla. En estas listas los dígitos son codiciados, sobre todo el 1 (“Unián, cutiplán y múcura”) que suscita tantas apetencias que una vez entradas en choque pueden destruir la armonía interna de la lista porque más abajo de la última curul de la última elección empiezan los problemas de disidencias, escisiones, fugas. Como lo observara Max Weber, las jefaturas fuertes se agotan y los mecanismos de democracia interna no son muy queridos por el jefe ni por los “barones” de los partidos. Casos se han visto.

De números y listas abiertas “con” voto preferente

En estas listas el posicionamiento de un dígito sigue jugando con ventaja, gracias a que al elector le queda más fácil recordar un solo número. Sin embargo, a veces no falta el candidato que se pida el último número no solo por lo ya dicho de la posible equivocación del elector con la casilla “voto en blanco”, sino para demostrarle al dueño del bolígrafo que se es más fuerte que el ungido con los primeros lugares. Casos se han visto.

Números y sentimientos

El concepto de número en la T.E. incluye abstracciones, también frustraciones, alegrías, gozo, éxtasis. Número electoral y emoción pueden ir juntos, algo muy respetable y comprensible. Sea esta la ocasión de pedir que se erradique del lenguaje corriente y hasta de algunos funcionarios de la Organización Electoral el despectivo término de “tarjetón” que suena feo, como “jetón”, “barrigón”, y lo electoral es muy noble porque da nacimiento a la conformación del poder de un país.

Desde siempre los números han fascinado y hasta embrujado

Sobre el número que les tocó en suerte, los candidatos hacen todo tipo de cábalas, suposiciones, predicciones, augurios. Parecieran ser arúspices de la Antigua Roma frente a las lecturas que le dan al azar. Pareto, un agudo observador de la irracionalidad del ser humano, situaría estas “predicciones” dentro de las acciones irracionales, no-lógicas. Si, por ejemplo, yo -nacido en Géminis- fuese candidato, seguramente haría fuerza por estos números 7, 14, 26, 30, 37, 49. Cáspita, el SIETE qué dicha, el número místico por excelencia, los siete mares, los siete metales de la Alquimia y los 30 millones de la dieta…

De candidatos y números

Frente al posicionamiento en la tarjeta electoral, cada candidato aspira o sueña con el triunfo que le dará “su” número. Todos aspiran a que sus números sean “inconmensurables” y a veces celebran que no exista el “Cero” en solitario porque ninguno quiere ser “nulo”. Ninguno quiere tampoco las unidades “discretas”, porque en todo candidato hay un no sé qué de vanidad que lo lleva a creer que él no lo es, y mucho menos sus cifras. Poco gustan ellos de los números “fraccionarios” porque en política lo importante es “sumar” y no “dividir” y una fracción no es un número “entero”. Con ellos, los candidatos, desde luego solo números, cifras y porcentajes “enteros” y “racionales”. Que lo dicho por un tal Cauchy, es como el covid-19, puro cuento chino. Sus números -de ellos-, deben ser naturalmente “naturales”, “primos” y si “compuestos” deben llevar muchos ceros a la derecha, pese a reclamarse algunos de la izquierda.

De candidatos, números-números y números electorales

Los candidatos aspiran todos a tener números “perfectos”, como creen serlo ellos. Solo quieren poseer números “positivos” y “pares”, porque en el hemiciclo no serán menos frente a sus colegas de curul. Es así como exclaman: ¿“Impar yo? Jamás, ni muerto”. Todos dicen que sus números son muy “naturales” y “perfectos” porque resisten cualquier tipo de numeración que sea egipcia, hitita, cretense, romana, griega, armenia o hebrea. Todos dicen no tener “intervalos encajados”, para ellos los desencajados son sus rivales políticos, por asustados. Al unísono predican que son tan sólidos sus números que ni Pitágoras puede derribarlos con su dizque números místicos. Claman poseer solo números “redondos” de carne y hueso, a diferencia de un tal Pitágoras y sus manidas “esencia de todas las cosas”. Esencial son los votos, le ripostan al místico filósofo.

De números pitagóricos y números electorales

Si a Pitágoras los números le suenan a música, a los candidatos les suenan a votos y tintinear de monedas porque ¿no ve que sin estas -las rupias- no hay votos? En lugar de una secta, Pitágoras debió fundar un partido político para sumar votos y no “esencias”. No entendió este señor que las almas se purifican no con ritos sino con votos y política porque la divina gran idea ordenadora del universo son las elecciones, por ser ellas las que logran la elevación moral hacia la salvación. ¿No ve usted que un candidato “quemado” desciende a los infiernos? La Aritmología de Pitágoras es pura especulación, lo real es contar votos antes y después de las elecciones. Votaciones épicas y no pírricas son las que dan las cifras que “proclaman” y entregan la Credencial.

Los candidatos, una comunidad más eficiente que la de Pitágoras

Para los candidatos los Matemáticos y los Acusmáticos del tal Pitágoras no resistirían la efectividad de sus “capitanes” de barrio, ni la pericia de los avezados abogados y “testigos” electorales que los acompañan. El culto a los números de los pitagóricos no resiste comparación, afirman los candidatos, con la muy terrenal veneración por los guarismos terrenales que ellos manejan sin hacer gala de supuestas propiedades numéricas inherentes a la escala musical, a los cielos y a otras muchas cosas que no son sino son pura fantasía de un tal Filolao. Para los candidatos el “arjé” que los guía es el número otorgado por Fortuna en la T.E. y agregan: si Porfirio dijo que los números son sagrados, los de la T.E. son “divinos” si no pregúntenle a doña Mafer.

El “Uno” de la tarjeta electoral

Es el número de la felicidad total. Es la mónada, el principio activo, la verdadera esencia de todas las cosas, el principio y fundamento de cuanto existe. Es el símbolo del buen principio, del Dios único, de Solus, el Sol. Es el supremo paradigma del Bien y la Belleza, del Sumo Poder, Creador y Conservador. Es el Generador de todos los números y de todas las dimensiones.

El “Dos” de la tarjeta electoral

Es la díada, el símbolo de la diversidad, de la opinión, de la contraposición, y en particular de la expresión de los contrastes de la naturaleza y de la mayoría de las cosas que afectan al ser humano en forma de dualidad: noche y día, luz y oscuridad, humedad y sequedad, calor y frío, salud y enfermedad, dulce y amargo, bueno y malo, grande y pequeño, belleza y fealdad, etcétera. Dosías…

El “Cinco” de la tarjeta electoral

Es el favorito de los pitagóricos. Es la conjunción de los principios masculino y femenino y por tanto símbolo del matrimonio (2+3=5), de lo par y lo impar. Es número “esférico” o circular porque sus potencias terminan en cinco. Es la representación aritmética del triángulo divino en el Teorema de Pitágoras. El cinco son los Cuerpos Platónicos, el Pentagrama místico pitagórico, el emblema de la salud y la Higiene. La representación de las magnitudes inconmensurables. La «unicursalidad». El centro del Esquema de Teón de Esmirna, ¡nada menos!

El “Diez” de la tarjeta electoral

Es el de la mayor carga simbólica. El más sagrado de todos los números puesto que los cuatro primeros contienen el secreto de la escala musical, la suma (1+2+3+4=10). Es la Década de Aristóteles y la Tetractys de Filolao “grande, todopoderosa y generadora de todo, comienzo y guía tanto de la vida divina como de la terrestre”. Es “la razón de la composición de todas las cosas” de Sexto Empírico. Es la quintaesencia del misticismo pitagórico. ¿Cómo no alegrarse de tener el 10 en la T.E. si por él juraban los dioses en sus ceremonias más solemnes?

Frente al número que les ha sido conferido por el sorteo, los candidatos ven en él una revelación, una epifanía, un maná enviado por los dioses. Son conscientes los angustiados candidatos de que la suerte es el azar. Que hay circunstancias que escapan del control humano. Que la buena fortuna no depende en absoluto de la preparación o esfuerzos que hagamos. Que ella, la diosa Fortuna con su rueda nos pone hoy arriba y mañana abajo.

Lo saben los candidatos, pero no lo aceptan y en estas épocas electorales no estaría de más recordarles que por sus buenas obras serán conocidos y votados, y no tanto por el número que les haya otorgado el azar puesto que obras son amores y no buenas razones.

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