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El imperio bizantino dio una serie de mujeres que ejercieron el poder femenino con eficacia, trascendiendo el rol del hogar y el cuidado. Ella fue una de ellas

Publicado originalmente en https://www.las2orillas.co/

Mujeres imperiales, mujeres reales de Bizancio 

El imperio bizantino dio una serie de mujeres que ejercieron el poder femenino con eficacia, trascendiendo el rol de solo mujeres del “adentro” del hogar para convertirse en actoras de la política de sus tiempos como Sofía, Zoé, Eufemia y Teodora quien alcanzó la gloria como mujer con real poder y sentido de un feminismo progresista aun para su tiempo como maestra en asuntos públicos, alta política, religión y legislación. Ni la animadversión de Procopio de Cesarea pudo empañar su paso por la historia como mujer bella, seductora, fascinante, compleja, inasible, nunca “invisibilizada” ni subordinada, dominante, manipuladora, enérgica, poderosa y… temible. Pero, también muy humana con los desvalidos, menores de edad y mujeres.  

El Imperio Bizantino (395-1453) y la política imperial 

Lo gobernaba el Basileo, el “Igual entre los Apóstoles”. La emperatriz o Basilisa era “La más Pía Augusta”. El emperador era también el jefe de la Iglesia. Esta lo apoyaba en su autoridad diciendo que lo era por “voluntad de Dios”. En compensación recibía numerosos templos e iglesias. Un Estado teocrático llamado el “Imperio Romano de Oriente”. Justiniano I (527- 565) le dio su mayor esplendor, centralizando el poder apoyado por un ejército y una armada poderosos y por un eficiente cuerpo diplomático junto a una efectiva red de espías. Claro, con Teodora a su lado compartiendo el trono. 

 La Corte bizantina 

La formaban el alto clero, los generales del ejército, los comerciantes y los terratenientes. Tomaba las grandes decisiones políticas, se gestaban los grandes negocios, se planeaban las campañas militares, los asuntos religiosos y lo que la posteridad ha denominado las largas e interminables «discusiones bizantinas» sobre descalificaciones de “heréticos”. Teodora intervenía en ellas. Mejor dicho, ella intervenía en todos los asuntos del Imperio.

 Breve reseña biográfica de Justiniano 

Justino I (452-527), nacido en una aldea macedonia, fue emperador bizantino desde 518 hasta su muerte en 527. Había reemplazado a Anastasio I, muerto sin haber dejado sucesor. Justino adoptó como hijo a su sobrino Petrus Sabbatius (aldeano nacido en familia humilde) dándole el nombre de “Justiniano”. Este desposaría a Teodora en 525, y en 527 asumiría la corona luego de la derogatoria de una ley que prohibía a los miembros de la clase senatorial contraer matrimonio con una mujer de clase inferior. Ella había sido una exactriz y al parecer meretriz. Teodora cogobernó desde 1 de agosto de 527 al 28 de junio de 548, día de su muerte.  

El reinado de Justiniano I 

“Restaurar el imperio” fue su divisa. La cumplió a cabalidad, apoyado en el tríptico: ley, espada y religión. Representante de Dios sobre la tierra por la “gracia divina”, como Franco. Unificó los dos imperios de Oriente y Occidente. Revivió la unidad de la fe cristiana ortodoxa y se acogió al Credo de Nicea. A petición de la Iglesia persiguió varias “herejías”, amparado en leyes de corte totalitario. Dio vida al Estado occidental moderno. Sentó las bases del derecho europeo. Teodora le salvó de una revuelta como de “primera línea” tanta fue la violencia. 

La revuelta de Niká, una prueba de fuego para la pareja real 

En 552 hubo graves disturbios en el hipódromo con ocasión de las primeras carreras de los juegos entre las facciones Verde y Azul (con la que se identificaba Teodora). La multitud gritó al emperador, se interrumpieron las carreras. Vino el asalto, saqueo y devastación de Constantinopla. El alza en los impuestos había traído gran malestar. Teodora, sentada en el palco real, fue abucheada. Recordaban los silbidos los propinados en una plaza de toros a la hija de cierto dictador. 

 Teodora se opone a que Justiniano huya cobardemente 

 Asustado, Justiniano le expuso al Consejo que iba a abandonar el mando. Teodora entró como una tromba en medio de la sesión y le espetó a su marido y validos una arenga que podría recordar la de doña Bertha Hernández de Ospina a su esposo, el presidente Mariano Ospina Pérez, en el luctuoso 9 de abril de 1948: “Creo que en estos momentos la huida es inapropiada, incluso si lleva consigo la salvación. Todo hombre nacido a la luz del día debe morir antes o después. ¿Cómo podría permitirse jamás a un emperador ser un fugitivo? Que nunca me despoje de buena gana de mis ropas imperiales ni vea el día en que no se dirijan a mí por mi título. Si tú, mi señor, deseas salvar la piel, no tendrás dificultad en hacerlo. En cuanto a mí, acato la antigua máxima: la púrpura es la más noble mortaja”. 

Llega la masacre del Hipódromo 

El emperador no huyó. Ordenó al general Belisario reprimir con violencia absoluta a los rebeldes. Estos habían puesto en un hipotético trono y contra su voluntad a Hipatio, que resultó ejecutado al parecer por petición de Teodora. Hubo 30.000 muertos. Los juegos en el Hipódromo quedaron suspendidos algunos años. Como en el 9 de abril colombiano, Constantinopla quedó destruida en gran parte incluida la catedral de Hagia Sofía luego reconstruida y decorada por Teodora. Advertido del descontento popular, Justiniano ordenó las grandes obras que adornaron su mandato: acueductos, puentes y más de veinticinco iglesias. Solución social keynesiana, no a la “carrasquilla”. 

Justiniano cae enfermo de la peste bubónica 

En 542 el virus hizo estragos. Más de 250.000 muertos solo en la capital. Teodora estuvo todo el tiempo a su lado. Justiniano se recuperó. Hubo un interregno sucesorio, la pareja no tenía descendencia. Teodora temía ser rechazada como heredera al trono por el senado y el ejército. Recursiva, encontró una solución que la favorecería: Aprestó a Justino, sobrino del Emperador y jefe de la guardia imperial. Ella le procuró una consorte a su conveniencia: Sofía, la hija de su hermana Anastasia. Teodora moriría primero que Justiniano. 

La sucesión al trono del imperio 

Justiniano no tenía heredero y no se volvió a casar. Durante los 17 años de viudez se planteó el tema de la sucesión. Se hizo ahora sí en propiedad a través de Justino II, hijo de su hermana Vigilantia. Desposó a Sofía, la sobrina de Teodora. Esta, hasta de manera póstuma, seguía manejando los hilos del poder. 

El legado de Justiniano 

 “Basileus” desde los 45 años, su reinado fue positivo para el imperio. Teodora, emperatriz desde los 27 años, contribuyó a esa grandeza cogobernando. Las fronteras de Bizancio restablecieron el territorio del antiguo Imperio romano en gran parte con la expulsión de los vándalos del norte de África, la reconquista de Italia a los ostrogodos y el sur de España a los visigodos, obra de los generales Belisario, Mundo y Narsés. Juan de Capadocia le había organizado la administración del imperio. La capital se convirtió en un emporio comercial de grandes edificaciones. En materia legislativa dejó la gran compilación uniforme del derecho romano, el Corpus Juris Civilis, base del derecho civil de muchos estados modernos, obra de Triboniano. En lo referente a la mujer en ese texto se revela la poderosa influencia de Teodora. 

 Primeros años de Teodora  

No se sabe a ciencia cierta dónde nació. Se cree que fue en el 500 d.C. Para unos nació en Chipre (tal vez para hacerla venir de la isla de las “meretrices”), para otros que en Siria o Turquía. Hija de Acacio, un entrenador de osos de la facción Verde en el hipódromo de Constantinopla. De su madre se sabe que era bailarina, actriz y posiblemente meretriz. Teodora tuvo dos hermanas Komito y Anastasia, primero suplicantes en el hipódromo del lado de la facción Azul y luego actrices y seguramente prostitutas.  Fue una infancia muy pobre en los sótanos del Hipódromo, lugar de pillos y prostitución. Muerto el padre, la viuda contrajo matrimonio con otro domador de osos. Procopio de Cesarea, antes de denigrarla, la describió así: “Era de bellas facciones y especialmente agraciada, pero de corta estatura y blanquecina de piel, aunque no del todo, sino solo algo pálida, con una mirada siempre enérgica y sostenida”. Teodora hizo gran amistad con Antonina, la amante del general Belisario. Procopio dice que fueron casi que “compinches”. 

Teodora y Antonina abren una casa de meretrices y luego se va para el África 

Siendo actriz, traba larga amistad con Antonina. Abren un lupanar muy famoso. Juntas serían conspiradoras palaciegas de tiempo completo. A los 16 años Teodora se hace amante del oficial sirio Hecebolo, gobernador de Pentápolis. Parte con él. Tienen una hija. Maltratada por este, se marcha a Alejandría. Allí conoce al patriarca Timoteo III, un “monofisita” (Cristo tiene una sola naturaleza, la divina), se convierte a esta religión y estudia dialéctica. Teodora tendría dos hijos Juan y Teodora. Con Justiniano no dejó descendencia. Para la Iglesia ortodoxa Teodora es santa, también lo es Justiniano.  

Teodora regresa en 522 a Constantinopla junto a su hija y conoce a Justiniano 

Al llegar deja de practicar la prostitución y el teatro. Se hace hilandera de rueca en una casa cerca del palacio. En el burdel Antonina le presenta al general Justiniano, de 39 años, además cónsul del Imperio, jefe de la guardia del Soberano, sobrino y el legítimo heredero al trono de Justino I. Toma a Teodora como amante y la lleva a vivir en la residencia oficial. Eufemia -de pasado dudoso tal vez por las mismas razones- se opone al matrimonio, apelando a una ley de Constantino I que evitaba el matrimonio de actrices con oficiales gubernamentales. 

Teodora es desposada por Justiniano 

 Muerta Eufemia en 525, Justino deroga esta ley y se realiza el matrimonio. Ella aporta sus dos hijos: Juan y una niña. Justiniano los legitima. Vienen los comentarios sobre «Teodora del prostíbulo», la mujer por la que Justiniano había cambiado la ley del Imperio, la meretriz del Hipódromo ahora convertida en “Emperatriz de los Romanos, piadosísima y felicísima Augusta”. Elevada más tarde a la alta dignidad de patricia, con derecho a palco en el Hipódromo en su calidad de mujer noble. Son dos caracteres diferentes: Ella hermosa, segura de sí misma y aguda; él reservado, poco dado a sonreír y no tan agraciado. Formada la real pareja, les surgirá un enemigo asolapado… Procopio de Cesarea. 

Teodora es coronada emperatriz 

A los 45 años Justiniano es el nuevo Emperador. Teodora, de 27, es ahora Emperatriz consorte y “Augusta”. Dos roles que nunca asumirá, prefiere ser gobernante eficaz y lideresa carismática. Se rodea de validos incondicionales y unos 4.000 sirvientes. Se da la gran vida. Reforma el ceremonial para hacer sentir a grandes y pequeños el poder imperial. Con él humilla a senadores y patricios imponiéndoles la “prosternación” oriental. A la milicia civil le deja en claro que solo eran esclavos. Vigila de cerca a los magistrados, para reducir la corrupción burocrática. A diferencia de su marido, viaja y todo lo observa, lo que le servirá para aconsejarlo. Es temida. Es vengativa. 

Las venganzas de Teodora  

En el episodio del Niká mostró su dureza. Con frecuencia es intolerante. Se rodea de espías e informantes. Reprime cualquier rumor adverso. Se venga de Hecebolo, su antiguo amante, condenado por corrupción y sodomía. Castrado, no sobrevive. Envía a mazmorras insalubres a todo sospechoso y a sus familiares, en castigo les hace cortar los miembros. Castiga a Belisario dejándolo sin bienes y sin mando. A Juan de Capadocia, recaudador del Imperio y dirigente de la odiada facción Verde, lo despoja del cargo y lo hace expatriar por corrupto. Intriga todo el tiempo. Hace deponer al papa Silverio por haber perseguido al monofisismo. Soborna a Vigilio a cambio de que, llegado a papa, proclame como única y verdadera a la doctrina monofisita. Se dice que hizo asesinar a la reina goda Amalasunta, quien al parecer se le insinuaba a Justiniano. Pero, también era leal y dadivosa con sus aliados. 

Las buenas acciones de Teodora en pro de la mujer 

Situaba a sus amigos y asociados en las posiciones de poder. Lo hizo siempre con el general Narsés. Favoreció con reformas sociales, obras y fundaciones de caridad a los pobres dándoles orfanatos, hospitales. A las prostitutas reformadas y en trance de reinserción en la sociedad les da una casa de acogida. En protección a la mujer hace que su marido aumente los derechos de las mujeres en numerosos aspectos: prohibición legal de la prostitución forzosa (“un agravio a la dignidad de las mujeres”) y del proxenetismo; cierre de burdeles que incumplieran las leyes; crea un convento de arrepentimiento de exprostitutas para que pudieran mantenerse a sí mismas. Hace aumentar los derechos de la mujer en los casos de divorcio: ahora podían ser propietarias de sus bienes; se ordena la pena de muerte en los casos de violación; se establece la prohibición de abandonar a los niños no deseados; las madres adquieren derecho de custodia sobre sus hijos; se prohíbe el asesinato de las mujeres que hubiesen cometido adulterio. 

Las buenas acciones de Teodora en pro de la familia 

Valiéndose del jurista Triboniano se logra la derogación de la ley que prohibía el matrimonio entre una persona noble y una humilde; se aprueba que puedan ser herederas; se les otorga pensión a las mujeres pobres para que pudieran encontrar marido; la prostitución es considerada un asunto de justicia social -debido a la desigualdad económica- y no tanto de moral personal. Se dispone que los hijos extramatrimoniales puedan convertirse en legítimos y con iguales derechos sucesorios. Se establece la igualdad entre hijos e hijas a la hora de heredar. A las prostitutas que contrajeran matrimonio y sus familias, se les daba un apoyo económico de parte de la emperatriz. Se ordena castigar a los maltratadores de mujeres y niños. El aborto es permitido, como ahora en la Colombia de 2022. 

Política religiosa de Teodora  

Teodora se opuso al apoyo de su marido a la Iglesia ortodoxa calcedonia (Cristo tuvo doble naturaleza: divina y humana). A espaldas del propio Emperador -ya existía la frase- fundó monasterios monofisitas. Escondió en aposentos secretos durante doce años a Antimo, el patriarca de Constantinopla. Asiló en Constantinopla a ocho obispos del monofisismo. En general, sus políticas religiosas iban contra las de su marido. Veneraba imágenes. En Egipto impuso su voluntad monofisita sobre Justiniano. En materia de política religioso-teológica por su separatismo Teodora dividió a la Iglesia cristiana. 

El ejercicio compartido del poder entre Teodora y Justiniano 

Teodora desde un principio dejó claro que en adelante y hasta su muerte el de Bizancio sería un reinado compartido. Justiniano no se opuso. Más, hizo añadir el nombre de Teodora al juramento de fidelidad que se exigía a los gobernadores de las provincias. Al momento de su coronación, el emperador insistió en que Teodora fuese coronada como su igual y no como su consorte. La pareja coincidía en inteligencia, dialéctica, ambición, energía y al parecer en el buen humor. Siempre juntos o, como dicen las novelas rosas, “almas gemelas”. Justiniano no fue extraño a la práctica tradicional de la corte bizantina -y algo colombiana- de casarse los emperadores con las reinas de belleza, sin importar que fuesen de clases bajas. Teodora no fue un simple “adorno”. Fue un “igual” de Justiniano y así cogobernó. No siempre de facto. Gobernó a la par de su marido con lujo de competencia y sentido del género. La majestad de gran dama de que hacía gala quedó plasmada en el célebre mosaico de Rávena. 

 Muerte de Teodora y declinar de Justiniano 

El emperador sobrevivió a la peste, pero no a la ausencia de Teodora. Muerta de cáncer de seno en el año 548. Solo tenía 48 años. En el funeral la lloró amargamente. La actividad de gobernante del Imperio disminuyó en muchos aspectos en los 17 años siguientes. Sin embargo, no delegó sus poderes. Disminuyó las persecuciones religiosas. Acosó menos a senadores y magistrados. Redujo la fastuosa servidumbre de Teodora. Alivió un poco las cargas fiscales a los pobres. Dejó de favorecer a los bárbaros. Le bajó intensidad a la “nomorrea” legislativa y religiosa que todo lo cambiaba. Mostró mayor respeto por las costumbres. Persiguió un poco más la corrupción y la venalidad administrativa. El erario descendió, también el ejército. Hubo cierto ocaso del imperio. Procopio de Cesarea lo imputó a dos parejas: Belisario-Antonina y de manera mucho más radical a Justiniano-Teodora. 

Procopio de Cesarea-Palestina (500-565) 

Fue un culto historiador bizantino de la Antigüedad Tardía. Abogado de la célebre universidad de Beirut. Inspirado en Heródoto y Tucídides en sus técnicas narrativas. Es la principal fuente escrita de información sobre el reinado de Justiniano. En 527 se convirtió en consejero legal de Belisario. Estuvo en Oriente, África, Italia. Vivió la peste de 542. Sus obras son de gran valor para conocer las guerras contra persas, vándalos y godos de la época de Justiniano. Para halagar al Emperador escribió un panegírico de sus obras públicas. La Historia Secreta es su obra más conocida, por ser una sangrienta diatriba contra las dos parejas mencionadas.  

Historia Secreta, una obra escrita con hiel 

Igualmente es llamada “Historia Arcana” y “Anécdota”. Fue escrita hacia el 550, pero mantenida oculta por miedo a las represalias de Justiniano y Teodora. A ella no la baja de “pornográfica” y “prostibularia”. Escribe que Belisario y Justiniano hacen figura de marionetas de sus intrigantes y disolutas esposas. De ambas dice que eran actrices, bailarinas y prostitutas amigas de las “componendas de lecho”, los hechizos de amor (Belisario renunció a ganar una batalla que tenía asegurada para correr al tálamo de Antonina) y sobre todo de la intriga. La hiel que arroja recae sobre este cuarteto del poder. 

Las diatribas contra Belisario y Antonina 

De Belisario afirma ser corrupto, venal, débil, pusilánime, hierático, fanático, perseguidor impenitente de herejes, cobarde y cornudo. De Antonina dice que era de vida disoluta, también hija de una prostituta y amiga de hechiceros, intrigante, vengativa con los que le contaban al general sus infidelidades. Agrega que se hizo esposa de Belisario cuando ya había tenido muchos hijos. Le enrostra ser siempre defendida por Teodora y juntas haber hecho de Belisario un pelele. Lanza que le debía a la emperatriz, “sangrientos favores”. Las acusa de expoliadoras de los bienes de generales y senadores. De haber enemistado a Belisario con Juan, uno de sus oficiales. Remata contra Antonina acusándola de haber roto el compromiso entre la hija de Belisario y el nieto de Teodora tan pronto hubo muerto la emperatriz en 548. Escribió sobre Belisario: “Durante este tiempo se volvió más avaro que nadie con el dinero y con gran perspicacia se procuraba ganancias vergonzosas, pues nada le aportaba el emperador”. Extrañamente, no habla de “gastos reservados”. 

Las inventivas contra Justiniano 

 De Justiniano dice que era ambiguo, ignaro, fanático religioso, impío, perseguidor de los judíos, codicioso, cruel, ambicioso, avaro, negligente como militar con los vándalos y los hunos, venal, receptor de sobornos, expropiador de bienes de los senadores, expoliador de los propietarios de la tierra, de los comerciantes y de la paga de los soldados, pródigo (o “derrochón”, le habría dicho Álvaro Uribe Vélez), devaluador inmisericorde de la moneda, incompetente y tiránico. Lo tilda de “príncipe de los demonios”, “demonio con apariencia humana” y “demonio encarnado”. Le reprocha ser marioneta de Teodora, el verdadero poder detrás del trono. Esto -lo grita- fue lo que perdió al imperio. Lo culpa hasta de la peste bubónica. Le reprocha la matanza del Hipódromo, dado que el mismo Justiniano fue quien instigó los desórdenes. Le espeta haber desmontado la red de espías del imperio. Le censura tantas construcciones inútiles, como si fuesen de dictador latinoamericano de los años 50. Le atribuye a Justiniano todo tipo de defectos físicos y morales: “Era taimado, embaucador, falsario, de cólera soterrada, un hombre doble, astuto…”. Tanta inquina tenía, hélas, un motivo político. 

Procopio quería ayudar a derrocar a Justiniano para dejar en el trono a Germano 

Sin embargo, este muere inesperadamente en el año 550 y Procopio le hace un panegírico donde lo presenta como la antítesis de Justiniano: respetuoso de las leyes, juez imparcial, generoso, ciudadano respetable y accesible. Procopio es amigo y afín a las clases altas, perseguidas por el emperador. Esto no lo perdona. También tuvo ciertas motivaciones personales. 

Los motivos de los ataques de Procopio al emperador son de un resentido absoluto 

El no haberle confiado Justiniano la redacción oficial de la guerra pérsica, ofendió a Procopio. El trato dado por Teodora al papa Silverio, le resulta escandaloso. La persecución de Justiniano a los cristianos y sacerdotes de la iglesia alejandrina le irrita. Le molesta grandemente que el emperador ignore las leyes y que las haya hecho redactar en latín y no en griego por Triboniano, un hacedor de códigos perversos que “todo lo cambian”, hasta la moral de antes. Hagia Sofía le parece un gasto inútil y autocrático y se le antoja sacrílego haber dicho durante la inauguración de la nueva catedral: “Salomón, te he vencido”. Lo acusa de haber desatado controversias religiosas y concilios innecesarios, al igual que persecuciones religiosas. Le reprocha haber zarandeado al Papa, con el cesaropapismo. No obstante, si contra Justiniano escribe con hiel, contra Teodora lo hace con vitriolo. Nunca le perdonó la humillación que le propinara frente a los eunucos de la corte. 

Las sátiras contra Teodora 

Procopio ridiculiza el acelerado ascenso social de Teodora desde una condición de actriz y prostituta del hipódromo hasta llegar a ser la emperatriz. Se inspira en la vida de Neera, una hetera griega del siglo IV a.C. muy famosa por su impudicia y cuyo ascenso social era bastante parecido al de Teodora. Esta, con Justiniano y aquella con Stéfano. Afirma de la emperatriz que era solo una vulgar y lujuriosa prostituta en semi retiro, cruel y carente de sentimientos maternales, veleidosa y volátil. Procopio es cobarde o prudente y no se atreve a destapar su odio contra la emperatriz, primero lo oculta diciendo que era una gobernante bella, influyente y llena de coraje. Luego la muestra – y a Justiniano- como la peor de las hetairas, dueña de un convento-burdel de 500 meretrices. La dibuja como una bruja cuya cabeza de noche volaba separada del cuerpo por el palacio y remata calificándola de “Teodora del prostíbulo».   

Teodora fue la feminista integral del Imperio Bizantino 

Entre otras realizaciones por sus políticas y leyes en favor de aumentar los derechos de la mujer bizantina, situándolas aun sobre el resto de las legislaciones de la Europa de su tiempo. Varias ciudades del Imperio la honraron adoptando su nombre. Es el caso de Olbia, sita en la Cirenaica y renombrada como Theodorias. En varios sitios se hicieron bellos mosaicos en su honor. La gran Sarah Bernhardt la interpretó en el teatro en 1884. En 1907 se le hizo una ópera de gran éxito. Se han filmado películas mudas y sonoras, novelas y hasta comics. Gracias a ella se redescubrió el arte bizantino y en general el movimiento llamado del “orientalismo”. El derecho romano se vio enriquecido por sus aportes. El mito de Teodora remite a un arquetipo de inteligencia superior, superación personal, astucia y poder político. 

Teodora cogobernó en ejercicio “diárquico” del poder  

Ella es el gran elemento femenino del Imperio bizantino, con un notable y temible poder de facto: una emperatriz reinante realmente y no solo la “mujer” del emperador. Inteligencia, astucia, seducción, mando. Un gobierno conjunto. Teodora dirigía por sí y ante sí todos los asuntos de estado sin pedir permiso a Justiniano. Nombraba a discreción en los más altos cargos civiles, religiosos, judiciales, diplomáticos y hasta militares. Hizo del gobierno un régimen de burócratas esclavos a su solo servicio. Castigaba, hacía torturar, exiliaba, defenestraba. Siempre cogobernando como emperatriz “cristiana” de una monarquía de derecho divino en calidad de “evergeta” (patrona clientelar), de expoliadora o de protagonista político de una especie de diarquía que no monarquía, superando incluso el poder del propio emperador y excluyendo del concepto y ejercicio “diárquico” a la propia Iglesia ortodoxa. Entonces, el cogobierno de ambos fue para ella el ejercicio de un verdadero poder político que con frecuencia superaba el mando de Justiniano. 

Teodora actriz, meretriz, emperatriz y “santa” hizo un milagro histórico 

Teodora inició una especie de cultura disidente y hasta alternativa en una sociedad de gobernantes hombres. En cierta forma planteó el comienzo de un esbozo de lucha de sexos que tuvo como motor la liberación de la mujer bizantina de muchas limitantes culturales debidas a la opresión patriarcal sexista, a través de la “procuración” masculina. Esta, sería llamada más tarde por Betty Friedan: “chovinismo masculino” y “colonialismo sexual”, y por Kate Millet, “política -masculina- del sexo” o “política patriarcal”. Gracias a Teodora, el Movimiento de Liberación Femenina-M.L.F. de los 60-70 y sus afines pudo tener credenciales de lucha inteligente, constante y ascendente. Si Teodora fue actriz, meretriz, emperatriz y santa, esta última calidad podría ser cuestionada por algunos, pero lo cierto es con ella se hizo posible el “milagro” de ver surgir el paso de la egerías del poder a la mujer en el trono, sobre el trono, gobernando. 

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