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Hacen parte importante de la comunicación política porque involucran partidos, candidatos, electores, encuestadoras, grandes medios de comunicación de masas

Publicado originalmente en https://www.las2orillas.co/

En sentido amplio las encuestas electorales hacen parte importante de la comunicación política porque involucran partidos, candidatos, electores, encuestadoras, grandes medios de comunicación de masas, el gran público.

Cierta comunicación política tiende a no ser neutra en razón a que con ella se trata de influir sobre alguien utilizando las técnicas de la cuantificación, las matemáticas, las cifras y los porcentajes de manera parcializada.

La magia del número y las mediciones electorales generalmente procura influenciar la masa de votantes, siendo los medios de comunicación el vehículo que transmite el mensaje unas veces con veracidad y honestidad y otras con un oportunismo político cuyo “mensaje” trata mucho más de vender “imágenes” de políticos que de ofrecer unas ideas.

¿Existe manipulación en las encuestas? ¿Son ellas un retroceso de la política? ¿En realidad no cambian nada?

La democracia y los medios

El debate por la democracia obliga al examen del rol de los medios públicos y privados en política porque estos hoy en día están en el centro de la confrontación que conduce a la conformación del poder de un Estado, luego la responsabilidad que recae sobre ellos es enorme en los casos de mal manejo de las cifras de las encuestas electorales, porque pueden influir en la distorsión de la voluntad popular. Frente a conductas malsanas y delictuosas de este tipo los organismos electorales y de veeduría ciudadana no pueden ser indiferentes.

Las encuestas de opinión política

Las encuestas o sondeos de opinión política se enfocan en tratar de reconocer las preferencias del electorado en el tiempo por medio de índices e indicadores sobre el avance o retroceso de cierto candidato o partido en el evento “previo” al día de las elecciones. Se trata de hacer predicciones sobre la intención de voto de los sufragantes para que partidos y candidatos puedan ajustar sus estrategias de campaña o reformar el programa ofrecido. Si son neutrales pueden permitirle al cuerpo de electores instruirse sobre el “pulso” de las campañas y sobre el rumbo que marcan las tendencias del espectro político. Materias tan delicadas como las elecciones y la subsiguiente conformación del poder, no pueden ser dejadas libres de regulación por el Estado.

El Estado frente a las encuestas de opinión política

En esta materia el Estado no puede ser indiferente. Le corresponde velar y garantizar el respeto de la pureza del sufragio y la estricta aplicación de la legislación que la protege. El resultado de las encuestas interesa no solo a candidatos y partidos sino también a los ciudadanos y a las organizaciones sociales. El resultado investigativo o predictivo de ellas no debe prestarse para tratar de influenciar los resultados tanto del debate “político” como del debate “electoral”. Lo que está en juego son las profundas relaciones de poder que van a surgir del debate electoral. El Estado debe evitar el “impresionismo” y velar por lo “científico” para evitar la manipulación, la tergiversación de la voluntad de los electores. Se trata de hacer respetar el derecho y la ética política.

Las encuestas o sondeos políticos durante la campaña electoral

Hoy en día están generalizados los métodos de exploración de la mente de los electores durante el desarrollo de las campañas electorales, sobre todo por la disputa por el poder que traen las elecciones. Momento de especial atención debe ser el de la “publicación” de los resultados, porque es en este momento del proceso electoral cuando se crean fenómenos de diverso tipo en la masa de votantes, uno de especial cuidado es el de la manipulación en favor de una determinada tendencia. La interrelación medios/campañas electorales debe evitar la afectación tendenciosa de la transparencia de los procesos de conformación del poder.

Las encuestas de opinión en materia política “sondean” la intimidad de los votantes

Con ellas se procura explorar la mente de los ciudadanos para tratar de predecir sus escogencias, sus opciones políticas, comprender sus creencias, opiniones, emociones, aspiraciones y lo que esperan de candidatos y partidos. Lo que está en juego es la libertad de pensamiento, de opinión y de realizarse como ciudadano. Este “sondeo” de la intimidad de las personas no deja de traer reacciones de defensa y hasta sentimientos de sufrir una posible agresión el encuestado, quien tiene derecho a ser respetado y no manipulado. Si al encuestador se le concede el permiso de entrar en la mente del votante es para que pueda explorar algunos aspectos del consciente y del subconsciente, de las interrelaciones entre el corazón y la mente.

Se le debe proteger al encuestado el libre albedrío en sus “preferencias” políticas y prohibir a los encuestadores cambiar la decisión del entrevistado manipulándolas. Las opciones amañadas del encuestador no deben ser las del elector. Es decir, que aquel no debe inducir a este en beneficio de alguien. Entonces, por estar en juego el libre albedrío ciudadano, la regulación de las encuestas de opinión política debe ser estricta en la exigencia de objetividad y neutralidad.

La objetividad y la neutralidad de las encuestas en materia política

En los periodos electorales son frecuentes los sondeos de opinión política. Ellos pretenden ser objetivos y neutrales en la predicción de resultados, en la exploración de qué personas irán a votar, en cómo piensan votar, por quién o por qué partido votarán, qué atracción o rechazo les suscita un candidato, un programa, una plataforma política, un discurso o un evento. Como quiera que son ordenadas por un candidato, por un partido o por ambos “antes” de salir ellos a la arena política, surgen las primeras inquietudes: ¿Serán objetivas realmente? ¿Serán neutrales verdaderamente?

Las encuestas electorales utilizan lo cualitativo para interpretar lo cuantitativo

Ellas son una herramienta de investigación, una técnica aplicada, una combinación de métodos cualitativo y cuantitativo para la recolección de datos relacionados con las opiniones y actitudes de una población/objetivo por medio de un cuestionario presentado a una muestra de aquella. Los datos “cualitativos” con alguna frecuencia suelen ser convertidos en datos “cuantitativos” con el propósito de permitir la adopción de estrategias que capten la atención y la percepción de la población sobre las elecciones, las promesas o programas de candidatos y partidos y sobre las tendencias electorales. Con frecuencia el efecto de deslumbramiento que tienen los números y las cifras tiende a hacer creer en exceso en la objetividad de las matemáticas y la pureza de sus resultados.

Las encuestas de opinión en materia política pueden traer elecciones amañadas

Por generar la duda en el gran público sobre si la población preguntada es la correcta y si esta está o no conformada por personas de todos los grupos demográficos necesarios. En casos como estos se dice que se está en presencia de una “selección” amañada, que la metodología escogida no ha hecho un levantamiento de datos relacionados con una muestra verdaderamente representativa de la población nacional. En estos casos campea la desconfianza.

Los factores que aumentan la desconfianza son recurrentes: La incompetencia técnica en la realización de las encuestas; el poco control de la administración electoral sobre las firmas encuestadoras; las interferencias hoy en día de las redes sociales; la deshonestidad en la elaboración del instrumento; los errores en el muestreo; la imprecisión estadística calculada debido a lo pequeño de la muestra aleatoria; por no elaborar las preguntas de control; por no hacer entrevistas cara a cara a personas mayores de edad que tengan la intención de votar; por entrevistar solo a las personas que tienen teléfono; por limitarse a levantar los marcos muestrales solo en las grandes ciudades dejando a un lado al campo; Por no jugar limpio los medios de comunicación al momento de titular y de poner en contexto los datos en favor de un determinado candidato o partido. ¿Arrastra esta desconfianza a la prensa?

¿Induce la prensa cuando manipula las encuestas electorales?

Los medios crean opinión pública. Pero les está vedado “dirigir” hacia un ganador y hacer un perdedor. Se les prohíbe fortalecer una “mayoría” y debilitar una “minoría”. No les es lícito favorecer a los candidatos que las encabezan y debilitar a los que no. No deben estimular los fenómenos de imitación de grupo (Bandwagon o furgón de cola o de Panurgo), que “arrastren” una mayoría de Goliat.

Tampoco pueden estimular fenómenos que conduzcan a favorecer al más débil, al pequeño David (Underdog). Estrategias tramposas de este tenor procuran que se siga a la mayoría o a la minoría a punto de perder, por simple reflejo de la sugestión. La “magia” de los números aumenta el efecto de profecía autocumplida haciendo que las encuestas sí influyan en los votantes por la capacidad de persuasión que tienen de hacer inclinar hacia determinada tendencia las preferencias de los electores. Así es como entran en la ilegalidad.

Como toda la materia electoral, las encuestas políticas también deben ser reguladas

Regulación que debe ser elevada al plano constitucional y de Código electoral. En efecto, regular las diversas materias electorales es fundamental en todo el proceso electoral: Candidatos; partidos políticos, administración electoral y demás órganos que participan en alguna de sus fases; actividad económica de los partidos para fiscalizar los gastos electorales; simplificación del procedimiento electoral; protección de los datos personales y garantía de los derechos digitales; utilización de los medios tecnológicos; transfuguismo; desplazamiento o trasteo de electores; delitos y faltas electorales. Igual y naturalmente las encuestas políticas y las empresas dedicadas a este oficio por el potencial de influir en la voluntad de los votantes, de allí entre otros aspectos la “veda electoral”.

Las técnicas de regulación de las encuestas electorales

Son principalmente dos: por “autorregulación” de las propias empresas encuestadoras que deben revisar sus métodos, técnicas y prácticas de trabajo, pero sin obligatoriedad. por reglamentación “vinculante” en campos precisos, cuales: objeto del sondeo; método de selección de las personas a encuestar; selección y composición de la muestra; condiciones en que se realiza la entrevista; texto íntegro de las preguntas; proporción de personas que no respondan las preguntas; nombre del organismo que la realiza; nombre y condición del que encarga el sondeo; fecha de la realización; representatividad de la muestra interrogada; no inducción a través de las preguntas; tiempo suficiente para homogenizar las respuestas; información a los encuestados sobre empresa encuestadora; mención expresa del derecho a no responder; conservación de la documentación para posible verificación; seguimiento de construcción del voto no limitado a la sola campaña; instruir sobre la validez de los procedimientos y la no la infalibilidad de las estimaciones; establecer un órgano de supervisión de encuestas con autonomía orgánica, funcional y poder sancionatorio. todo esto debe ser particularmente exigente en lo referente al momento de la “publicación” de las encuestas durante la campaña electoral.

Técnicas de regulación de la publicación de sondeos durante la campaña electoral

Son dos. La técnica “Liberalizadora” que considera que las encuestas se rigen por la ley del mercado, que esta favorece la difusión de las preferencias, para que el debate sea claro. La técnica “Tuitiva” que protege al elector de presumibles influencias por la difusión de encuestas tendientes a contaminar el voto al no ser neutrales en particular durante el tramo final de la campaña electoral, razón por la cual se prohíbe su difusión en días u horas previos a la elección: 5 días, 7, 13, 15, 30,48 horas, 36 horas. Se trata de proteger la racionalidad de la decisión del elector el último día de la campaña con el llamado “día de reflexión”. También que cualquier posible tergiversación o manipulación sólo pueda conocerse “después” de la elección cuando ya el daño ha sido hecho.

Casos de encuestas políticas fallidas que ratifican la necesidad de su reglamentación

En Colombia se han realizado encuestas políticas que han fracasado por su poca efectividad en las predicciones, lo que ha traído cierto escepticismo sobre su fiabilidad, quien las paga, si son tendenciosas en la muestra y las preguntas, sobre la vigilancia y utilidad. Es el caso, por ejemplo, de las encuestas sobre el Plebiscito de Aprobación del Acuerdo de Paz suscrito entre el Gobierno Santos y las Farc. En Inglaterra se cita como resultado bastante fallido el Brexit, que resultó aprobado cuando las encuestas decían lo contrario. En Estados Unidos se cita el fracaso en la predicción de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, cuando daban como segura la elección de Hillary Clinton y resultó ganador Donald Trump.

Las encuestas electorales en Colombia

Sobre la efectividad de las encuestas en producir un impacto en las elecciones se han dado muchas controversias. Se han expedido dos leyes la 130 de 1994 y la 996 de 2005.

-La ley 130/94 crea el estatuto básico de los partidos y movimientos políticos, se dictan normas sobre la financiación de estos y de las campañas electorales, se regula la publicidad, la propaganda y las encuestas electorales. De estas se destaca diferentes aspectos: Publicación completa; Persona que la realiza; Persona que la paga; Financiación; Tipo y tamaño de la muestra; Tema o temas concretos; Preguntas concretas; Candidatos o partidos por quienes se indagó; Área, fecha o período de tiempo de realización; Margen de error calculado; Prohibición de lanzar proyecciones de los datos recibidos el día de las elecciones (veda electoral); Difundir resultados de encuestas ese día (en boca de urna); Develar la forma en que las personas piensan votar; Develar cómo votaron en realidad; Competencia de vigilancia del Consejo Nacional Electoral (CNE) sobre las entidades que realizan las encuestas; Sanciones que acarrea el incumplimiento de la ley mediante multas o prohibición del ejercicio de las actividades de encuestar.

-La ley 996 de 2005 aumentó la vigilancia sobre las preguntas formuladas para que no induzcan a una respuesta determinada. Se destacan estos aspectos: DANE fija las condiciones técnicas de elaboración; – Inscripción obligatoria en el Registro Nacional de Encuestadores; Representatividad estadística de la selección de la población; Probabilismo en la selección; Diseño técnico de la muestra; Precisar el margen de error; Aumento de las multas según su gravedad. Se trata de evitar posibles manipulaciones en la información recolectada, impedir que los electores sean influenciados y que haya mayor respeto de la ética en el ejercicio de elaborar encuestas políticas.

Ejemplos colombianos de encuestas fallidas

En la elección de1994 entre Ernesto Samper Pizano vs Andrés Pastrana Arango, este era el favorito y no resultó elegido.

En la elección presidencial de 1998 entre Horacio Serpa vs Andrés Pastrana Arango, en las encuestas se daba como seguro el triunfo de Serpa y resultó ganador Pastrana.

En la elección presidencial de 2002 entre Álvaro Uribe Vélez vs Horacio Serpa Uribe resultó ganador Uribe en primera vuelta, pese a que las encuestas daban como ganador a Serpa.

En la elección presidencial de 2006 entre Álvaro Uribe Vélez vs Carlos Gaviria Díaz, el primero ganó en primera vuelta, lo que había sido fácilmente predicho por las encuestas.

En la elección presidencial de 2010 entre Juan Manuel Santos vs Antanas Mockus, para la primera vuelta se daba como ganador a Mockus y Santos resultó ganándole en ambas vueltas por grandes mayorías.

En la elección presidencial de 2014 Juan Manuel Santos vs Oscar Iván Zuluaga, Santos perdió en la primera vuelta cuando se le daba como ganador y se alzó con el triunfo en la segunda cuando se predecía un nuevo triunfo de Zuluaga.

En la elección presidencial de 2018 entre Iván Duque Márquez vs Gustavo Petro las encuestas fueron muy fluctuantes, pero casi todas dando como ganador a Duque y así fue.

Efectividad de las encuestas

¿Son efectivas ¿Son neutras? Hay mucho debate sobre ambos aspectos. Sobre lo primero se habla de que son imprecisas por falta de rigurosidad en las metodologías, por el escaso tamaño de las muestras lo que les quita legitimidad y credibilidad. En resumen, se les reprocha que fallan en su aplicación en lo referente al método, la técnica y la herramienta. Se habla con cierta frecuencia de los intereses particulares de algunas empresas encuestadoras, mal que es visto como universal. Las distorsiones se han visto aumentadas por la creciente utilización de las redes sociales y sus habituales deformaciones de la realidad con tesis conspirativas y manipulaciones masivas de hackers y países extranjeros. Las relaciones entre los medios, las encuestas y los políticos no dejan de ser tensas. Sin embargo, se les ve como necesarias.

Partidos, candidatos y políticos frente a las encuestas

Suelen todos ellos considerarlas como instrumentos más o menos destacados de las competencias políticas y cada vez las utilizan más. Los medios de opinión también lo consideran. El gran público en general no tiene mucha claridad sobre lo que quiere y espera de los sondeos. En el plano mundial hay recurrentes discusiones sobre los alcances y límites de las encuestas. El debate gira en torno de las no pacíficas relaciones entre medios, políticos y partidos. Estos últimos hacen poco uso de los sondeos y se interesan por ellos casi siempre solo durante las “campañas electorales” y no en otros períodos. Los candidatos por lo general solo se interesan por las encuestas de “intención de voto”, que luego no saben interpretar en sus resultados. Pero cuando las ganan son lo mejor de este mundo y cuando las pierden denigran de ellas a rabiar. En medio de candidatos y encuestas se encuentran los medios de comunicación, que manejan con gran autonomía los resultados de los sondeos de opinión pública y a veces de manera interesada. En general, la relación encuestas/medios/políticos sigue siendo ambigua.

¿Las encuestas las gana el que las ordena?

Este interrogante es de siempre y de difícil respuesta. Hay mucho de mito. Pero también de realidad. Envuelve, a grandes rasgos, el problema de la ética política. Los encuestadores se defienden tratando de desmentir este aserto. Pero hay algo en “el canto de la cabuya”, como dicen los campesinos. Es real que existe desconfianza hacia el que las contrata y esto se traslada a los resultados. El que las paga puede decidir si un resultado se publica o no y nadie publica una que lo desfavorezca. Además, como se publican las que favorecen queda flotando en el aire que “siempre” favorecen al que las paga. Lo que no puede hacer el que las paga es difundir un dato falso, porque si el encuestador es ético igualmente tiene el derecho a denunciarlo ante las autoridades y el público. Se observa que se critica al político que las paga y menos a las que son gratis. También que empresa cogida in fraganti pierde la faz y difícilmente la recupera. Los medios las contratan para aumentar los lectores y/o la audiencia, lo perverso es si lo hacen para favorecer un candidato o partido. Para el favorecido son total y radicalmente “ciertas” y por esto las publica, para el que no son todo lo contrario y las esconde.

Encuestas electorales en Colombia

En Colombia, como en muchos otros países hay la creencia de que las encuestas políticas son compradas por los candidatos, los partidos o los medios de grupos económicos afines, de esto resulta que la muestra es escogida selectivamente de aquellos segmentos de la población que se sabe proclives a responder favorablemente a quien las paga y así este gana la favorabilidad de los votantes generalmente por el fenómeno de Bandwagon.

Encuestas tramposas

Las encuestas con trampa no miden. Solo manipulan. Es una demoscopia perversa. Manipuladora de los sondeos de intención de voto, por inflación de las expectativas electorales como medio de afectar a los resultados. La opinión de la gente queda transformada, modelado el pensamiento especialmente de las personas poco instruidas. Pero, sobre todo, sus emociones.

La trampa comienza por la manipulación de las emociones, los sentimientos, los impulsos. Estrategia que debe conducir a que se opine lo mismo que los demás, que el “resto”. Seguir a los demás es lo fácil, lo que no exige pensar, lo que obedece una regla heurística, una intuición que “ahorra” hacer el análisis del pensamiento racional y permite la facilidad del “arrastre” de las ovejas, de adherirse a la mayoría sin rubor alguno.

El poder político se aprovecha de esta docilidad y lanza el argumento ad populum para subirlos sutilmente en el Bandwagon Effect, en lo que piensa la mayoría fabricada por el encuestador y bajarlos de la minoría que también ha creado arteramente con el a “ese” no lo apoya nadie, “él” no vale nada. La encuesta manipulada es profecía autocumplida que deviene en bola de nieve que suma, arrastra y retroalimenta.

¿Y de las encuestas electorales presidenciales colombianas llevadas hasta hoy 11 de marzo de 2022 qué? Pues nada. No trague entero. Desconfíe, que todavía no hay partidor. Gonzalo Amor no ha sonado la trompeta y gritado en el hipódromo de Techo: “Laaaargada la carrera” y mucho menos “En tierraaa derechaaa…” puesto que hay hipódromo, pero faltan todos los corceles.

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